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De Italia a Inglaterra, un tortuoso camino de confusioes

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De Italia a Inglaterra, un tortuoso camino de confusioes

Mensaje por Alissa Castelli el Jue Nov 01, 2012 7:49 pm


Entre sueños la joven de oscuros cabellos se removió entre las sabanas, en búsqueda de esa deliciosa frialdad de la tela, tan refrescante en el amanecer. Un mohín habitual de cada mañana solitaria, mañanas tan distintas a las largas noches compartidas con hombres sin rostro. Hombres de los cuales solo le interesa saber una cosa, lo abultado de sus billeteras y sus placeres más insatisfechos, para cumplir aquellas fantasías entre juegos de seducción tan impropios de una dama, que los caballeros buscan a mujeres de la noche para ser complacidos. Ese es su negocio, le fascina ser la secreta razón por la cual un hombre sonríe al recordar las artimañas de la noche anterior, un razón que no debe rendir explicaciones ni lucir argollas.. Por eso Alissa Castelli, es quien es, una cortesana, la más famosa de Italia, la misma con que nobles fantasean y por la cual se ofrecen grandes sumas de dinero, solo por una noche de sonrisas compartidas.

Para una mujer que revuelve sabanas, buscar la frialdad de estas al clarear el alba es el más ansiado momento tras el trabajo, ningún hombre se queda en su lecho. Sus reglas, permitir aquello es darle a sus clientes mayor control del que pueden tener. ¿Acaso las fantasías lucen igual a la luz de la realidad? la respuesta es simple, no, la realidad golpea con fuerza cuando la fantasía se acaba. Las noches son para soñar y el día para vivir.

Pero esta mañana hay algo diferente, con la palma de su mano estira la tela sin abrir los ojos, en búsqueda de aquel frescor del alba, no le encuentra, por el contrario, las sabanas tibias le extrañan, pero más aun cuando se encuentra con el torso desnudo de un hombre. Entreabre los ojos para descubrir a la figura que le acompaña, de inmediato cierra los ojos evitando la realidad - TU - susurró, el hombre a quien declarase detestar abiertamente se encontraba en su lecho.

¿No lo había hecho? ¿o si? Se giro para darle la espalda, no deseaba verle al rostro, menos aun luego de la infinidad de veces en que discutieron desde que se conociesen en las afueras de Roma en la residencia privada de la familia Soiledis, donde uno de los hermanos la pusiese al cuidado de aquel, de aquel animal sin modales y arrogante que le tratase como escoria. Como olvidar esa noche….


Afueras de Roma, Italia
Dos meses atrás

- Lady Castelli, el es Lord Renzo Hannigan - informó el hombre que los convocase aquella noche, el Soiledis, en ese tiempo rey de los Países Bajos - Lord Hannigan es de mi suma confianza y le escoltara lejos de Italia, no dude en confiar sus inquietudes a él. Pero le aseguro que él solo responderá aquello que estime prudente- La joven de cabellos oscuros le miro con reticencia, no le agrada lo que está por ocurrir, no desea abandonar su vida en Sicilia, menos aun de la mano de un desconocido que le es brutalmente familiar, como si le conociese de antaño y quien removiese anaqueles de memorias perdidas.

- Alcari, tres preguntas -le miro con firmeza - ¿Por qué no iras tu? ¿A dónde me llevaran? ¿Cuándo te volveré a ver?-

Como toda respuesta el mago se acerco a ella y beso su frente, un gesto paternal tan típico de él que pocos sospecharían que el Rey fue el prime amante de la cortesana - Confórmate con saber que les alcanzare a la brevedad. - una caricia suave en el rostro femenino antes de empujarla con suavidad ante el tercero que les miraba con frialdad - Ve. -

- Pero… - intento hablar pero la voz del desconocido se lo impidió.

- El carruaje nos espera. No podemos esperar más. - señalo alejándolos, un gesto que se convierte en un designio del futuro que les aguarda. El destino planea separar para siempre a aquellos amantes de antaño, arrancar a cada cual del camino del otro.

Basto que el carruaje de los fugitivos partiese para que la residencia fuese asaltada por una cuadrilla de cinco cazadores, los que en un gesto indolente exigieron la rendición del mago el que solo se limito a carcajearse y alzar las manos, todo ocurría tal cual lo previese…. Luego de aquello, pocos saben cómo es que él llego a la ciudad subterránea, pues basto que Valerius le recibiese para que Alcari cayese en un letargo tan profundo como la muerte. Se le dio por muerto y desde entonces descansa en una urna como la de los antiguos faraones de quienes aprendiese el arte de la inmortalidad.

Sobre la joven cortesana, el mago tenía el consuelo de tener todo en paz. Ella estaba a salvo, sería llevada cumplir su destino, pero no sin antes cruzar los tortuosos caminos que las Moiras construyesen para ella.



Última edición por Alissa Castelli el Sáb Nov 24, 2012 12:49 pm, editado 1 vez
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Re: De Italia a Inglaterra, un tortuoso camino de confusioes

Mensaje por Ralph Granchester el Dom Nov 04, 2012 6:47 pm

"La piel me hormiguea cada que te veo,
por eso no puedo tenerte a mi lado.
Me debilitas."


¿En qué estaba pensando cuando accedí a las estúpidas ideas y proposiciones de mi amigo? Una mujer y no cualquiera, su vieja amante. En muchas ocasiones me pregunté si no había mezclado algo en su bebida la primera vez que la conociera porque mi amigo parecía embobado con ella, realmente idiotizado hasta el punto que me preocupé por su cordura y su estado mental. Y aún así, me sentí enredado entre las argucias del vástago y gruñí cuando me encontré en una encrucijada: si no prometía protegerla, entonces mi amigo iría a Inglaterra y todos sabíamos lo que eso podría ocasionar. Que algún Oficiante lo reconociera en el camino o peor aún, que algún enemigo lo atacara durante el tiempo que durara el traslado era...

Y aquí estoy, tras una jornada llena de sinsabores, de peleas y constantes exabruptos. Ella es tan cabezota, tan rebelde y osada, se me planta y está dispuesta todo el tiempo a refutar mis determinaciones. No sé cómo mi amigo no le toma del cuello y se lo truena de una vez por todas, pero no lo niego, al final de la contienda, me quedo con una sonrisa divertida. Me he cansado de mesar mis cabellos, de gruñirle y bramarle, de gritarle incluso y de recibir sus bofetadas. Es increíble la forma en que me saca de mis casillas y que me excita el ver su rostro, su cuerpo, esa forma de caminar, de mantenerse tan atractiva aún con una bata de dormir.

Las palmas de las manos me sudan, mis labios se resecan y es imposible mantenerme alejado de ella, sé que debería dejarla de perseguir, de provocar, de hacerla enojar como ella hace conmigo, pero es imposible. Me aterra la forma en que está apoderándose de mis pensamientos, es una maga sin duda alguna, me ha metido en un hechizo tan poderoso que me pregunto si algún día lograré deshacerme de la necesidad de rozarla, de atraerla a mi cuerpo hasta meterla en mi cama.

La odio.

Necesito deshacerme de ella, que el viaje termine antes de que... y una noche pierdo el control, me olvido de todo entre sus brazos, sus besos y caigo en la cama con ella, regodeándome en su blanca y sedosa piel, en esos rizos oscuros que me pierden y la atraigo a mi cuerpo una y otra vez, hasta que ambos nos perdemos en el éxtasis abrumador que se lleva consigo cualquier pensamiento, dejando sólo las sensaciones, el escozor delicioso en los miembros, en la piel. Ella conmigo, como ninguna otra mujer ha tenido un lugar. Y después de ello, cuando la luz llega por fin filtrándose por las cortinas y ella se pone en pie mirándome con esa actitud tan suya... una en donde me siento inferior y detesto sentirme así, me obligo a ponerme en pie, haciendo a un lado las mantas en silencio, dándole la espalda y volverla a maltratar psicológicamente.

Tomo mis pantalones y los subo por mis piernas, acomodándolos para cerrarlos con posterioridad, miro al techo olvidándome por un instante de los satisfactorios momentos que tuve con ella, sólo fue lujuria, unos cuantos revolcones más y lograré sacármela de la mente. Deshacerme de esa mujer por fin. Necesito llegar a Londres, llevarla a donde mi amigo indicó y después de ello podré volver a mi vida normal, sin estúpidas recriminaciones, sin arrogantes mohines femeninos que sólo me provocan un hormigueo en las manos. Me paso la derecha por mi cabello, acomodándolo antes de tomar mi camisa colocándomela sin abrocharla. Meto los pies dentro de los zapatos y recojo la chaqueta y los calcetines. Observo a mi alrededor, no me falta nada más.

- Interesante revolcón, sabes calentar las sábanas de los hombres, aunque debo estar agradecido ¿No? Por pagar así mi protección, tener a la más grande puta de Italia debe ser muy caro - me sonrío, no debería tratarla así, pero es ella la que me provoca, ahora que aguante mi mal carácter, mi deslenguada boca. Mi rostro es arrogante al voltear a verla, ni siquiera sus facciones que reflejan el golpe vil que le he dado me hace cambiar de parecer. Ella debe irse de mi lado, debo continuar mi vida tal cual está, que sepa de una vez que ésto que sucedió en la noche, sólo es un acostón, nada que signifique más. Una puta en la cama, eso es ella, así la trataré yo.
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Re: De Italia a Inglaterra, un tortuoso camino de confusioes

Mensaje por Alissa Castelli el Lun Nov 26, 2012 10:46 pm


Alissa Castelli es una de las cortesanas más reconocidas de Europa, particularmente de Italia, por los mismo pasar la noche con caballeros sin nombre es algo habitual para ella. Despertar en compañía de estos tampoco es novedad, aunque es algo poco común, ellos prefieren marcharse antes de clarear el alba, para no ser descubiertos por sus esposas.

Pero, despertar en el lecho de un hombre al cual repudiase tanto es algo que no se esperaba, menos si no hay dinero de por medio. Y esta segura que aunque le pagase con las joyas de la corona no lo hubiese recibido entre sus sabanas, menos aun entre sus piernas, porque eso es lo buscan la mayoría de los hombres. Una hembra que les reciba entre los juegos de seducción más insinuantes. Ella sabe bien de los gustos de los varones, pero ninguno antes consiguió contrariarla de tal modo.

Desde el comienzo el hombre a su cuidado, Renzo Hannigan, le había repudiado y despreciado con un enfático desdén. Dejando en claro que la dama no le interesaba, que no era más que un estorbo en su vida y que le protegía solo porque Lord Soiledis le encomendase tal misión. Alissa jamás se espero despertar a su lado, menos aun en su cama y verle tan ¿apacible?, claro estaba calmado a pesar de lo extraña de la situación. Tanto que se daba el tiempo de ¿ofenderla o halagarla? con aquella frase.

Aspiro profundo, antes de incorporarse y tomar asiento entre los almohadones y sabanas de seda. No pretendía ocultar su desnudez, por el contrario, se encontraba cómoda, aunque aturdida. Le examino con descaro al tiempo que toma de la mesa de noche un cigarrillo y lo enciende, sus ojos azules escrudiñan el torso masculino cuando da una profunda bocanada. Es atractivo, su cuerpo es el de un hombre entrenado para el combate, sus pectorales bien delineados y unas cuantas cicatrices evidencian parte de la vida que el varón oculta ¿Quién es realmente Lord Hannigan?

Flexiona una de sus rodillas hasta cubrir parte de su cuerpo, y apoyar en esta su brazo mientras da algunas cuantas caladas al cigarrillo. Le relaja y distrae, le permite centrar sus pensamientos antes de hablar sonríe de medio lado antes de responder a aquella frase tan propia de él y tan impropia de un caballero - Al menos algo que placer que tenga en tan odiosa misión que se le ha encomendado Lord Hannigan - comenta antes de alborotar su cabello. Un movimiento casual que sabe le dará un aire aun más exótico.

- Digame - siseó con aire desafiante - Tras lo vivido. ¿Sigue despreciando la experiencia de una cortesana? - ironiza al rememorar las innumerables veces que le despreciase por compartir el lecho con más de un hombre.

El hombre no le miraba, al menos eso parecía, pues caminaba por el cuarto recogiendo la ropa. Y allí entre las manos masculinas las pantaletas de encaje de la joven, la misma se ríe al verlo dudar, ese segundo de duda valía todas las ofensas- Creo que esa prenda me pertenece - afirma sin moverse de la cama, exigiendo la prenda de regreso. La joven Castelli se rie para si cuando el titubea entre dejarla caer al piso, guardársela para si o regresársela, finalmente la lanza en su dirección - Gracias. Seguro algún otro disfrutara desprenderme de ella. ¿No le molesta Lord Hannigan? - ironizo antes de apagar el cigarrillo en incorporarse de la cama, no sin antes poner la pieza de lencería en su sitio.

Camino hasta él con demasiada seguridad, aquella que solo otorga el saberse deseada, la experiencia y un poco de descaro. Se planta frente él, es un par de pulgadas más baja que él, pero eso no le intimida, tampoco su desnudez, más bien parece aun más segura que con aquellos lujoso vestidos. Apoya una de sus manos en el hombro de él, como apoyo para ponerse de puntillas y susurrar contra su oído - Tómelo como una mera demostración - asevero antes de alejarse y tomar su vestido.

Tenía dos opciones, renegar de lo ocurrido o disfrutar de esa pequeña ventaja que le da el saberlo en aquella encrucijada entre el ser y el deber, y por ahora sabe que gana el ser.

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Re: De Italia a Inglaterra, un tortuoso camino de confusioes

Mensaje por Ralph Granchester el Sáb Dic 08, 2012 12:09 pm

"Te odio tanto como te deseo a mi lado."

¡Maldita mujer bocona! Si estuviera en una de mis formas animales estaría más que erizado, lo cual agradezco que no porque así no le demuestro cuánto me está exasperando, cuánto control tiene y cómo me hace renegar el darme cuenta de que soy yo quien se lo está entregando. Hija de su puta madre, ¡Que se calle de una vez! Claro que no me acosté con ella por ser una cortesana, si no porque se me ha metido dentro de la piel y no sé cómo sacármela. Tengo ganas de morderme toda la epidermis hasta que no quede nada en ella, sólo los huesos. Son éstos los que no tienen sentimientos, los que no me traicionarán haciendo que mis ojos la sigan cuando pasa ante mí contoneándose de esa manera que me está enloqueciendo.

Fue eso, una locura lo que pasó la noche anterior. El enredarme en su cuerpo, oler sus cabellos, acariciar cada palmo de su piel una y otra vez hasta que sus gemidos y ruegos fueran lo único que tuviera sentido en mi vida. Una en la que sólo he estado como espectador, donde no tengo algo perenne, si no pasajero. Ella no es la respuesta, me lo repito una y otra vez. Aún ahora mientras tengo en mi mano sus bragas, sin saber qué hacer con ellas. Ansiando olerlas y grabar en mi mente su aroma más íntimo. Es demasiado sensual, pero también exasperante. Me dan ganas de golpearla, de morderla y marcarla, de... No puedo con su pasado, no puedo con la idea de estar con ella y que alguien la reconozca como la que engalanó sus sábanas en una noche de placer.

Su voz me obliga a apretar las mandíbulas y le arrojo la delicada prenda hacia el rostro para castigarla, quiero hacer tantas cosas violentas. ¿Por qué no fui yo el que la conoció cuando joven? ¿Por qué? Me pesa su vida de cortesana, de puta. Hubiera querido ser yo quien le enseñara el arte de la seducción, quien riera ante su inexperiencia. Y no terminar siendo yo el que aprendiera del sexo como anoche me pasó. No es porque ella tuviera curiosidad y le incitara su instinto. No. Es porque alguien la enseñó a hacer eso y se me revuelve el estómago. Un gruñido sale de mi garganta al pensar en ello.

Y sus palabras. ¡Bestia desatada! Me carga de adrenalina, de rabia, de furia, me tensa cada músculo. La palma me hormiguea, tengo tantas ganas de descargar mi ira en su rostro, en su cuerpo. Darle tantos golpes hasta que sólo agache la cabeza o la mate. Sí, quisiera hacer eso: matarla y así se terminaría mi penar. Me restriego los ojos con movimientos más tensos, estoy a punto de hacerla trizas. E imaginármela en brazos de otro, que sean otras manos las que le desprendan de las telas no me ayuda a relajarme. Y ella se pavonea ante mí, camina cual manzana prohibida. Ahora entiendo por qué Adán fue tan estúpido de morderla.

El roce en mi hombro casi abre la caja de Pandora. Su susurro sólo es otra de las presiones sobre mi persona de las que no es consciente. ¿O tal vez sí? Ella ha sido un misterio desde que me la presentaron, pero es innegable la atracción física entre nosotros. Un par de polos opuestos que se atraen irremediablemente. La observo alejarse, debería hacer lo mismo, pero mis instintos y la presión que ha puesto sobre mí son lo que dispara todo. Me encuentro pronto atrapando su cintura, pegándola a mi cuerpo, gruñendo de rabia al sentir su hermosa piel de su espalda contra mi pecho, sus glúteos pegados a mi cuerpo por la forma en que la abrazo. Una de mis extremidades rodeándole las caderas acercándola lo indecible a mí y otra rodeándola también hasta sostener en toda mi palma un generoso pecho. Uno que ayer me harté de besar y mordisquear.

Son las marcas en su cuerpo las que me acusan, las que me demuestran cuánta es mi pasión y sin dudarlo, vuelvo a bajar brutalmente a morderle la base del cuello que se enlaza con el hombro. Lo hago sin consideraciones para marcarla, para que no se atreva a acostarse aún con ningún otro, para que le duela, para castigarla. Y al mismo tiempo, por la desesperación y frustración que siento al saberla manchada, tomada por tantos. Y me asqueo. La aviento sin delicadeza contra la cama pasándome la mano derecha por el rostro. Desesperado, al límite. Quisiera ahorcarla. Matarla.

- Calla, por una vez en tu vida, calla. No me provoques porque cerraré las manos en tu bonito cuello hasta que se quiebre. ¡Cállate ya! - Quisiera salir de ahí, pero es más mi deseo de estar a su lado. Estoy acorralado.
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Re: De Italia a Inglaterra, un tortuoso camino de confusioes

Mensaje por Alissa Castelli el Mar Dic 25, 2012 5:01 pm

El hombre se encuentra completamente al borde de la cordura, acorralado ante aquel juego de seducción en que se vio envuelto la noche anterior, un juego en que ambos se dejaron perder. La mujer sonríe de medio lao divertida, saboreando los jadeos de él, aquellos que delatan la desesperación del varón y el deseo contenido al tener a la cortesana frente a sí. Un risa suave e insinuante broto de los labios femeninos, aquellos que se curvan en el cuello de él antes de rozarlos con descaro.

Si, Alisse es una mujer que sabe como seducir, que conoce las armas a utilizar sin importar que tipo de hombre se plante frente a ella. Desde muy joven se supo capaz de erotizar al más rudo y frívolo de los hombres, entre más inalcanzable fuese, mayor era el interés de ella, un desafío personal. Por lo mismo el saberse deseada por Renzo Hannigan, tras las atrocidades que l dijese de ella y lo desprecios recibidos, le gratifica y divierte en demasía. La joven Castelli se siente única, especial, la dueña del mundo, más aun cuando las manos de él se posan en sus caderas y la atraen hacia él en un gesto posesivo, para luego gemir ante los dientes de de él en su cuello.

Un gemido ahogado por la risa de ella que se pierde al ser empujada de regreso a la cama con violencia y desesperación por parte del hombre que se debate entre poseerla y despreciarla. Le mira divertida, aunque levemente ofendida, al ver el rosto desfigurado de él y sus palabras resonando en la habitación - Reniegue cuanto quiera Lord Hannigan, pero le aseguro que nunca una mujer le ha dado tanto placer - aseguro con soltura sin apartar la mirada de los ojos masculinos.

Se quedo así, desafiándolo con la mirada, y con el cuerpo incitándolo, su blanquecina piel descubierta en contraste sobre las sabanas de oscuras que engalanan la cama donde ambos dejasen sus pasiones. Sentada sobre su costado, con las piernas enroscadas delicadamente, al tiempo que sus cabellos negros caen sobre uno de sus hombros, cubriendo uno de sus senos., los mismo que se mueven al ritmo de la respiración de ella.

Busco un nuevo cigarrillo y lo encendió, demostrando su intenciones de no moverse de allí, no hasta conseguir de él algo más que ofensas - Sabe - añadió tras largos minutos de silencio y una gran bocanada - podrá poner sus manos en mi cuello, pero aquello le seguirá pareciendo poco… siempre deseara más que eso - aseguro con soberbia antes de descender de la cama e ir por su vestido, ya había echado demasiada leña al fuego como para quedarse allí.

Con la prenda deslizándose por su piel y la mirada atenta de él, acomodo cada pliegue sobre su cuerpo al igual que sus cabellos, de manera que no hubiese nada fuera de lugar. Toma su tiempo para observarse en el espejo, revisando las marcas que aún quedan visibles, nada que no pueda manejar, siquiera aquella mordida en el cuello. Pasa sus dedos por ella, con calma, delineándola antes de incorporarse y plantarse frente a él - Lo veré en la cena - afirmo antes de depositar un beso la mejilla masculina y retirarse del lugar.

Aquella partida ya la ha ganado, pero sabe que les quedan al menos tres semanas sobre aquel barco y que no podrán evitarse de por vida. Más momentos como ese los envolverá, y ella solo espera tener la misma tenacidad que aquella mañana.
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Re: De Italia a Inglaterra, un tortuoso camino de confusioes

Mensaje por Ralph Granchester el Dom Feb 10, 2013 10:05 am

"¿Te horadaré el interior o el cuello?
Qué buena pregunta"


Aspiro profundo, está jugando conmigo y reconozco la estrategia. Espera que me hunda en el fango de la necesidad física por ella. Y sé que ya he caído demasiado bajo para darle la satisfacción, una más, de verme con la cabeza gacha, dejándola hacer lo que su albedrío decida. Rechino los dientes observándola en la cama, sintiendo mi entrepierna endurecerse. Es hermosa, es deseable. La mujer que me gusta en todos los sentidos, desde su cabellera, el tono de su piel, la mirada que se clava en mí. Me entrega tanto como me quita sin darse cuenta de ello. Mi lengua pasa por mis labios ansiosa de volver a recorrer la piel femenina. La ansío para mí. La deseo profundamente. ¿Qué clase de hombre soy?

No debo perderme en la inmensidad de la ira que me embarga, pero es que ella la provoca, la azuza. Sabe que soy fácil de encender. Así es como logró colarse en mi camarote, meterse entre mis sábanas. Buscando mi rabia sabe que puede vencerme. Deberé hacer algo al respecto, darle una dosis de su propia medicina. Aunque mis ojos sólo están fijos en el vaivén de sus senos, en las caderas que se mueven de un lado a otro, esos glúteos que me cansé de arañar y palmear durante el acto sexual. Por el Creador, debo ser más fuerte. Resistir más. Aunque en momentos como ahora, flaqueo. Aprieto mis puños con fuerza conteniéndome de arrancarle la ropa que ella se va colocando. Provocadora.

Siento cómo la ansiedad se mantiene en mi estómago, mi sexo aún firme ansía introducirse en las profundidades de su parte más íntima. No debería ceder, pero mis pies toman vida propia y caminan hacia ella. Mi mano se alarga y al mismo tiempo que ella abre la puerta, la empujan con fuerza para cerrarla. La acorralo como el felino que soy y sonrío con autosuficiencia. Me gusta tenerla así, entre la espada y mi cuerpo. Sentir su ansiedad, su nerviosismo. Quizá pueda o intente por todos los medios mentirme, pero no lo logra. Soy un Shifter y como tal, sé cuando me mienten. Y ella también me desea tanto como siento mi ansiedad crecer. Acerco la cabeza y aspiro el aroma de sus cabellos gruñendo guturalmente de satisfacción.

- Puede que tengas razón, pero apestas a deseo también... ¿Acaso tengo que mostrarte las heridas en mi espalda? Las provocaron tus uñas, gata - sostengo a la mujer por la cintura y la hago hacia mí. La mantengo contra mi cuerpo y aspiro de nuevo su aroma, gruño y me tiemblan las manos por unos instantes antes de levantar la cabeza y mirar la coronilla de la suya con arrogancia. Mis falanges son rápidas: sostienen la tela y de un tirón violento, la abren por en medio. Sonrío al ver cómo se sobresalta. No fui rudo con ella durante la noche a pesar de que mis deseos eran muy fogosos, pero ahora ella se lo ha buscado.

La volteo hacia mí con rapidez y la recargo contra la puerta, miro sus ojos y es mi rostro serio lo que ella tiene ante sí por la situación, porque no me causa el menor sentimiento de hilaridad. Estoy furioso, pero intento por todos los medios mantenerme tranquilo. Hasta terminar mi cometido. Mi vista se fija en el cuerpo femenino, sus curvas, los moretones que aún la "engalanan". Paso mi mano sobre éstos, como si quisiera desaparecerlos con sólo un leve toque y no lo logro. No me frustra, sólo pienso en que debí tener más cuidado con su cuerpo. Me descubro disgustado conmigo mismo por haber contaminado de esa forma una piel tan blanca, con cardenales y marcas violáceas.

Mis rodillas ceden hasta que tocan el piso y aspiro el aroma de su cuerpo que me incita a tomarla. Encajo mis uñas en su piel, separando sus piernas mientras fijo la vista en ella, sonriendo con maldad, con un reto en la mirada. Rasgo la prenda femenina que oculta su parte más íntima y aspiro no una, si no dos veces. Gruño y busco mi propio placer de una manera mórbida: dándoselo con mis labios, mi lengua... mis dedos. Quiero demostrarle que no soy el único que desea al otro. Ella también lo hace. También me desea.
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