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Casting para el cargo de Guardián: Bastión Sacro [APROBADO]

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Casting para el cargo de Guardián: Bastión Sacro [APROBADO]

Mensaje por Juliet Benavente-Borgia el Miér Nov 21, 2012 8:30 pm

Juliet avanza montada en el caballo mirando a su alrededor y luego leyendo de nuevo las indicaciones de cómo llegar a la mansión Lombardi. Hace una mueca y suspira agotada. Llevaba tres días cabalgando con muy poco tiempo de descanso y le duele horrores la cintura. Eso sin contar la herida que aún tiene resentida en el muslo derecho. Tiene que aprender un día que los malditos licántropos también saben morder. Saca la cantimplora y da un trago al agua que aún está fresca. Adora ese objeto, se lo hurtó a su padre y aún -rió- él sigue buscándola. Mantiene los líquidos en el estado perfecto: fríos o calientes conforme se le hubiera suministrado. Muy extraño, aunque casi puede jurar que es mágico el objeto.

Se lame los labios y el brioso córcel cocea inquieto. Es tan salvaje como la propia Juliet y por eso es que lo adora. Aún más porque tiene esa ansia de libertad que a veces a la cambiaformas le falta, pero que le agrada sentir cuando el animal toma el control... Le palmea el cuello y susurra palabras de aliento del tipo "ya vamos a llegar". Alza la mirada, se tronó el cuello y tras guardar la cantimplora, toma las riendas para continuar el camino.

Minutos después sonríe al ver que por fin encontró la mansión ancestral de los Lombardi y se maravilla al verla suspirando cuando el sol empieza a clarear dejando al deleite cada una de las líneas, aunque no logra más cuando su brioso caballo, al oler el fresco heno no duda en dirigirse rápido a las caballerizas, pero afortunadamente alguien lo intercepta. Un buen mozo le detiene haciendo reír a la joven y renegar a la bestia que cabreada, se elevaba en dos patas para volver a su posición con una reprimenda de la cambiaformas que evita le haga daño al humano. Eso sí no puede permitirlo, sobre todo porque espera que su presencia en la villa Lombardi no sea indeseable.

Desmontar, ser llevada hasta la sala es completamente bienvenido, ver el hogar de ese hombre que ocupa desde hace años un lugar en su corazón es... muy extraño. Saber que ahí él pernocta, que es justo su refugio, el hogar de su familia, una que le quiso. Le duele el corazón al pensar que siempre quiso estar ahí, se le hace nudo la garganta el saber las razones por las que sus pies tocan por primera vez el piso de este lugar. Y sin embargo, reacciona a tiempo para presentarse ante una joven de cabellos castaños y ojos amables.

Juliet presupone que ha de ser la ama de llaves por su edad y la forma en la que se dirige a ella. Le sonríe a la dama haciéndole saber el motivo de su presencia consistente en hablar con el señor Lombardi dando su nombre y al mirar la duda en los ojos femeninos lo entiende. El cazador no desea saber nada respecto a su padre, pero la mujer es tan educada que no le pide a Juliet que abandone la propiedad, todo lo contrario. La conduce hasta un cómodo sillón donde la invita a tomar asiento. La joven Borgia la obedece en parte porque ha sido muy amable la dama y también cerrando los ojos un instante al sentir cómo la pierna se resiente de nuevo. Para su fortuna, la mordida del hombre lobo no le transformará en uno de ellos, pero cómo duele. Es como veneno en su organismo, uno que tarda mucho en desaparecer.

Está en el proceso de aceptar una taza de café cargado que le propone la dama cuando ambas oyen la innegable señal de que el señor de la casa por fin llegó de cacería. Sonríe débilmente al pensar que nunca tuvo el gusto de combatir a su lado, pero oyó rumores sobre su código de honor y eso le agrada mucho de él. Espera un día tener el placer de compartir una cacería, aunque tendrá que ser cuidadosa: no puede demostrar su última carta cuando las cosas se salen de control. No puede transformarse ante él, sería su propio ultimátum.

Aunque su presencia arrebatadora en la casa es más que impresionante que el anhelo por salir una noche a trabajar con el Cazador, sobre todo el ver cómo se deshace de la capa sucia por el polvo y la sangre, de la chaqueta con las armas dejándolas caer en su camino, lo que provoca que entrecierre los ojos sintiendo la garganta seca en el instante en que la camisa queda en el piso y su musculatura sale a relucir. No es que nunca viera a un hombre desnudo. Simplemente es el admirar el cuerpo del hombre del que has quedado enamorada desde hace tiempo. Saberlo tan lejos y al mismo tiempo tan cerca que unos pasos y una mano extendida cruzarían el puente del nunca jamás.

Se obliga a bajar la mirada ante tales pensamientos y a aclararse la garganta mirando sus manos en silencio esperando recobrar un poco la compostura aunque sus mejillas estén levemente coloreadas. Agradece al cielo que la sangre que su nariz detecta no parece ser de él, sí capta que su cuerpo trae algunos rasguños, pero nada de consideración, señal de qué tan buen cazador es. Quizá por ello su padre insiste tanto en que acepte la propuesta que tiene para él aunque conociéndolo, de seguro que la enviará a ella con la misma respuesta de siempre: "No".

- Buenos días, signore Lombardi, lamento mi intromisión en vuestro hogar y mi intempestiva presencia, ruego me disculpe - hizo una reverencia - pero sabe cómo es mi padre cuando algo se le mete en la cabeza y el asunto es que tengo que llevar respuesta a un mensaje que le envía por mi conducto - intenta ser amable, ir al grano para no molestarle. Aunque ruega que no se moleste porque desea permanecer más tiempo en Florencia. Lo poco que ha visto es delicioso a la vista, aunque ahora mismo ella no tenga una pinta más adecuada con los cabellos sueltos de su moño, algunas manchas del polvo y el sudor y el vestido un tanto sucio por el viaje ex profeso.

"Quizá el cielo está de buenas" piensa cuando él no sólo no le pide que se retire de su hogar, si no que le pide a la mujer -Giovanna parece llamarse- que le ofrezca un cuarto para asearse, aunque algunas palabras referentes a su padre la hacen consiente de que no siente alegría porque ella esté ahí, lo cual es comprensible. Intenta decir algo, pero él la interrumpe ofreciendo un baño y un lecho donde dormir. Igualmente, la invita a merendar con él lo que la hace sonreír levemente. La educación primero y por supuesto que por ello la envió su padre: porque Lorenzo es incapaz de echarla a la calle. Al menos tendrá su respuesta "a tiempo".

Y aún así, mira sus manos y aspira aire sacando la carta que trae justo la propuesta de su padre y que Lorenzo de seguro ya sospecha viene en camino. Alza la mirada y sus ojos se encuentran con los del cazador. Algo en su interior la hace dar cuatro pasos al frente y mirarle desde su baja estatura comparada a la suya y ladear la cabeza. Los ojos de la joven brillan elocuentes.

- No se confunda, signore. Mi padre quiere una respuesta, pero se le escapó que ésta puede alargarse conforme las necesidades de vuestra merced. Agradezco vuestra hospitalidad y espero no le sea incordiosa. Prometo no presionar, todo lo contrario - sonrió por fin con maldad en cada gesto, un brillo en los ojos que no auguraba nada bueno - sé tan bien como usted por qué estoy aquí - mira hacia la ventana donde puede vislumbrarse el viñedo - Sabemos que mi padre no acepta que le cierren las puertas, así que... esperará lo que tenga que esperar y recibirá lo que tenga que recibir... si me lo permite, sé que en estas tierras hay siempre cazadores dispuestos a enseñar a los que lo piden. Y estoy dispuesta a dar lo que sea por aprender... aunque eso signifique que mi padre - miró la carta con expresión cínica - tenga que esperar sentado, repito. ¿Es un trato justo? No quiero me confunda con mi padre, no somos iguales. Internamente puedo parecerme, pero créame cuando le digo que él no sabe nada de mí.

La respuesta no puede ser más sorprendente, Lorenzo le permite quedarse, pero la incita a seguir a Giovanna. Un poco de descanso y baño que ella no puede negar que necesita y una propuesta a verse a las 10 de la mañana. De reojo, Juliet nota el reloj en el recibidor que anuncia son las 4 de la madrugada, así que entiende la necesidad de descanso de Giovanna y quizá del propio Lorenzo por lo que se despide y sigue a la mujer por una escalinata que se le antoja ideal. El material, las alfombras que la cubren son deliciosas a la vista, un gusto exquisito es el que se denota en toda la casa y su habitación es mucho más de lo que espera. Una cama al centro dominando todo el lugar, con cuatro postes y dosel tal cual a la cambiaformas le gusta.

Giovanna no pierde el tiempo, rápido le muestra el baño que ya está siendo preparado, así como que su escaso equipaje consistente en dos bolsas grandes le es llevado y entregado. Una vez a solas, la cambiaformas deja su careta de fría educación en la que intentó no demostrar nada, sobre todo la decepción en cierta forma por... ¿qué? ¿Esperaba que la recibiera de brazos abiertos y se le echara a sus pies para coquetearle? Lorenzo no es de esos hombres.

Aunque en la oscuridad de la recámara que le fue otorgada, se desnuda y mete a la tina. Gime de dolor al terminar de lavarse el cuerpo y aplicarse con la pierna. Los moretones son propios de su condición, pero esas marcas de pus no. Traga saliva y pone presión para que la sangre combinada con el líquido amarillento salga. Se contiene de gritar o emitir sonido alguno, los oídos son finos y no quiere a nadie ahí presente para que puedan avisar al señor de la casa de la extraña condición de su invitada. De todas formas, no puede durar demasiado tiempo en el lugar, tiene que salir pronto. Unos ojos tan suspicaces como los del hombre que ella quiere, pueden encontrar rápido su defecto y actuar en consecuencia. Una vez vendada y seca, se obliga a acostarse en la cama con cuidado de no lastimar su pierna. Necesita el reposo y deja que sus ojos se cierren.

Despierta horas después desorientada por algunos segundos antes de recordarlo todo y descubrirse la pierna para chasquear la lengua ante la venda manchada aún. No quiere pedirle nada a Giovanna por lo que se contenta con lo que trae en los dos bolsos de viaje. No pensaba utilizar los vestidos tan caros de su padre en Florencia no fuera a pensar Lorenzo que quería conquistarlo y lo malinterpretara todo por lo que sus atuendos consistían la mayoría en pantalones y blusas. Una sola falda muy abajo de todo se concedió, pero es para volver a casa, no para usarse en Florencia. Sacude la cabeza al pensar en Lorenzo, le quiere, pero no va a hacerle pensar que su padre tiene algo que ver con ese cariño. Así que no duda en cambiarse las ropas y las vendas, ponerse los pantalones de montar en tono negro y la blusa blanca. La casaca azul. El cabello recogido en una larga trenza que utiliza para crear un moño muy sencillo y práctico para la cabalgata que pensaba hacer.

Lo prometido es deuda: no le va a incordiar más respecto al sobre. Que él le dé la respuesta cuando lo quiera. Asiente al ponerse las botas encima de los pantalones y se mira al espejo: ni gota de maquillaje, lo más natural posible. Va a entrenar, se dijo por penúltima vez. Va a entrenar, no a enamorar al dueño de la casa. Echa las vendas en un morral y sale con ligereza. No trae nada consigo que la señale como algo diferente a una humana, así que tendrá que aguantar el dolor hasta que el veneno de la saliva del lycan pase. Se asegura de lavar bien las vendas y ponerlas a secar para luego mirar el reloj. Tiene 5 minutos para llegar al comedor y se apresura entrando justo a tiempo. Ojalá todo salga bien en esta visita y sea el preludio de otras más. Ojalá.


Juliet Benavente-Borgia
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Re: Casting para el cargo de Guardián: Bastión Sacro [APROBADO]

Mensaje por Administración el Miér Nov 21, 2012 9:16 pm

TU FICHA HA SIDO ABIERTA
PARA QUE REALICES LAS MODIFICACIONES PERTINENTES
ENHORABUENA

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