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Crazy sea

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Crazy sea

Mensaje por Ximena Bremont el Dom Nov 25, 2012 12:15 pm

La noche comienza a caer cubriendo todo lo conocido, la oscuridad ahora es la que reina. Ximena se encuentra en el estudio que tantas veces sirvió para que le contaran las historias más locas que antes hubiera conocido. Cierra los ojos y toma aire profundamente, se encuentra sentada en la silla de piel mientras sus dedos se aferran al descansa brazos, sus pensamientos se han ido años atrás; los brazos de su padre la cubren mientras sus labios le depositan un suave beso en la frente después de quedarse dormida, ella está sonriendo, pero en la realidad está llorando; al abrir los ojos la lágrima recorre su mejilla hasta depositarse en su mentón, la limpia con apenas el dorso de sus dedos y mira de nuevo por la ventana, no sabe cuanto tiempo perdió recordando aquello que se le clavaba en el alma.

Se levanta y recorre las cortinas mientras que sus ojos se forzan para poder abrirse paso entre las tinieblas, pero es que no es la oscuridad normal, no es aquella que usa la luna para alumbrar, es la que ha perseguido su vida aún cuando el sol está resplandeciendo. Una sonrisa lánguida se dibuja en sus labios y sin más se coloca el abrigo, no avisa a nadie ¿Para qué? Le dirán que el medicamento debe estar causando las mismas alucinaciones de siempre, que su vida se quedó estancada como cuando era una niña de trece años y que debe aprender a vivir, ya está cansada de todo eso, no quiere escuchar lástimas, quiere salir de ahí, pero nadie le ayuda.

Las calles son lo suficientemente frías como para que sus manos busquen un refugio seguro dentro de las bolsas de su abrigo largo, es de color negro y el cabello lo lleva sujeto, así el viento no le juega malas pasadas haciendo que su visión se vea bloqueada. Sus pasos son seguros, firmes, como si no temiera a nada, de hecho parece que lleva un camuflaje, como si ella perteneciera a la misma noche, lo cual... No es verdad.

Su nariz se mueve de un lado a otro intentando calentarse, ya no siente demasiado las orejas, y aún así camina, sus hombros se elevan haciendo que el cuello del abrigo le cubra un poco más pero quizá es insuficiente, el frío lo lleva por dentro. Sonríe, siempre sonríe y parece que nada le interesa más que estar bien, mostrarse bien para no tener que dar explicaciones, ha aprendido a sobrellevar a los demás, como mantenerlos tranquilos, al final sabe que nadie se preocupa realmente por lo que le pase, el dinero es todo lo que ella tiene para darles, o mejor dicho todo lo que les importa que les dé.

Un ruido la hace enderezarse y detener los pasos ¿A dónde llegó? Aún no lo descubre, pero la brisa que roza su mejilla la hace saber que hay agua cerca, el sonido de la misma golpeando contra algo y de pronto... Se da cuenta que ha ido a parar al puerto, niega con la cabeza, eso está a cerca de dos horas de su casa ¿Ha caminado tanto? Es lo más probable, ni siquiera nota el cansancio. Vira un poco y se detiene justo delante de un barco, no parece que vaya a zarpar, tampoco parece que vaya llegando, simplemente lo observa mientras se queda parada en el muelle, su falda baila un poco dejando que el viento se cuele llegando a la piel de sus piernas.
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Re: Crazy sea

Mensaje por Yundra Vixen el Mar Nov 27, 2012 11:50 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] 9:50 PM - 11 GRADOS - Viento.

Despacho al último malandrín de la noche y me dejo caer sobre el aquel asiento cubierto de terciopelo, hecho de marina fina, engarzada con adornos franceses, bañados con una ligera capa de oro. Mi favorito… Aquel que robé a los españoles en cierta incursión por los mares caribeños y que suponía mi “trono” personal. Asentado justo detrás de un escritorio tallado a mano, donde rebosan decenas de papeles y mapas por revisar.

El día de paga – más bien la noche - siempre resulta tedioso y problemático. Todos aquellos vándalos creen que por ser mujer no sé hacer ni hablar de negocios. Muy equivocados están, porque más de uno ha tenido que verse en la penosa necesidad de rehacer su vida, sin una extremidad, gracias a la filosa espada que siempre llevo conmigo.

Si hay algo que odio en demasía, es que quieran robar, lo que con tanto esfuerzo he logrado apoderarme. Si bien es con su ayuda, hay contratos de por medio; ya sea de palabra o por medios escritos, peor sin lugar a duda, que deben cumplirse cabalmente hasta el último de sus puntos. Nadie trabaja sin recibir algún tipo de remuneración, claro está, pero siempre lo justo. Si trabajas menos, ganas menos, y viceversa… Y ¡Ay de aquel infeliz que intente sublevarse en mi barco, pues lo paga con la muerte!

Me levanto con algo de jaqueca, buscando aquel pequeño bolso donde guardo mi botella de cristal cortado, donde suelo verter Ron, mi bebida favorita. La abro con cuidado, dejando el tapón sobre mi escritorio, dando unos pequeños tragos. El primero siempre escose mi interior, arrancándome una pequeña tosecilla que desaparece al segundo intento. El tercero y cuarto se deslizan con mayor goce, y a partir del quinto estoy completamente en paz. Es cuando es necesario tomar el aire fresco. Salgo a cubierta, aún con la botella en la mano.

Todo está en completa calma. Los hombres y las mujeres se han ido a descansar o hacer lo que mejor les plazca. Pareciese que estoy sola en la embarcación. No puedo mas que disfrutar a pleno la tranquilidad del silencio, sumado a la brisa marina inundando mis fosas nasales. Aspiro un poco, exhalando de tanto en tanto el aire que ha entrado a mis pulmones. ¡Bendita calma!

Acerco mis pasos a proa. Recargo mí brazo sobre el filo de la bandarilla que tuvo mejores años, visualizando el puerto a mi entero antojo. Hay poco movimiento. La mayoría de los barcos han descargado ya sus preciosas pertenencias y los tripulantes aprovechan para pasar sus ratos de ocio en compañía de bellas mujeres y hombres galantes. Yo prefiero reposar en mi barco. Ya me daré el tiempo para pisar tierra firme, e ir a vagar buscando aventuras citadinas.

Un último trago, antes de percatarme de la presencia de una mujer justo por debajo de mí. Se le mira bastante ensimismada y ¿triste? Creo haberle visto limpiar su mejilla de una lágrima que corría por la misma. Al parecer viene sola, pues no hay caballero alguno acompañándole. He visto situaciones similares, en donde la dama despechada, prefiere arrojarse al mar, antes de sufrir como condenada, por un amor mal correspondido. Éste parecer ser una situación similar, pero sería un desperdicio dejar que una mujer tan hermosa, decida dar por terminada su vida.

-El idiota no merece tus lagrimas – grito desde arriba para que pose su vista en mí, y olvide lo que sea que esté tramando – Hay muchos más hombres y mujeres con quienes pasarla bien. – Arrojo la botella para que la atrape -. Anda, bebe un poco, te hará sentir mejor.
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Re: Crazy sea

Mensaje por Ximena Bremont el Miér Nov 28, 2012 10:34 am

¿Habrá persona más triste? No lo sabe y tampoco le interesa, ella justo ahora está en un momento en el que ni su propio bienestar es tema de gran relevancia en su vida, sólo intenta fingir, debió buscar su fama fuera de la empresa de su padre, pero sin saberlo, él la había confinado ahí.

Su pecho sube y baja con un compás bastante lento, es apenas perceptible, no hay suspiros, sólo simples respiraciones que hacen que los demás crean que está viva, con eso la dejan de joder y la relaja. Sus brazos se cruzan debajo de su pecho mientras que su cabeza se ladea dejando que unos rubios cabellos pendan, quedando a voluntad del viento, aquél mismo que los hace bailar a su antojo, sonríe irónica, pues todos tienen hilos y se mueven como los demás quieren que lo hagan, el mundo gira por conveniencias. Dicen que son seres racionales ¿En verdad? Lo único que existe en la cabeza de muchos es dinero, sexo y sobrevivencia.

La vista la tiene nublada, es normal, la noche ha descendido lo suficiente para cubrirla con su manto, y aún así acurrucada con la noche se siente sola y tiene frío. Una efímera lágrima escapó a su voluntad dejando un zurco sobre su mejilla, los dedos bailan hasta quitarla y una voz la hace salir de sus propios pensamientos. Hay gente que siempre se quiere enterar de todo ¿Para qué? Quizá para saber que su vida no es tan miserable como la de los demás y poder tomar fuerza de eso ¿Eso es tener un sentido humano? Eso es el sentido egoísta en su máxima expresión.

Recompone la postura mientras que sus manos plisan lo poco que se observa de la falda y las manos se vuelven a refugiar en el abrigo, es lo único que puede darle confort y a una mínima parte de ella. Toma aire, teme que la voz no le salga como debe -¿Idiota? ¿Cuál idiota?- a pesar de la melancolía que le carcome el alma un atisbo de diversión ha llegado hasta ella, ¿Por qué las mujeres siempre deben llorar por un hombre? Eso es lo más normal en las señoritas de casa, por algo su matrimonio a pesar de haber estado arreglado no se ha podido llevar a cabo, no se ha dignado en ir a conocer al insufrible.

Apenas si sus reflejos son suficientes para poder meter las manos antes de que la botella toque su cuerpo o el piso, el choque con su piel hace que un leve quejido salga de sus labios pero ¿Qué más da? -No lloro por ningún hombre- en teoría eso es verdad, al menos no por uno que quisiera tener en la cama o que pretendiera fuera su compañero eterno -Pero agradezco el gesto...- destapa la botella y aspira un poco los vapores que de ella salen justo para inundar de su aroma una pequeña zona.

-¿Bebes por alguien?- pregunta antes de dar un pequeño sorbo que la hace apretar los ojos y mover la cabeza como si estuviera negando, la garganta parece arder, carraspea con cuidado y vuelve a levantar la mirada hacia la chica que le ha tendido aquél "calmante" -Si es así, te digo lo mismo que me has dicho tú... No valen la pena- encogió los hombros y tapó la botella -¿Te la aviento de vuelta?- no sabía que tan capaz era de aquello pero lo intentaría al menos un poco esperaba que no terminara por abollarse. Un botón de su abrigo fue suelto pues aunque había sido un solo trago el calor que le había provocado era suficiente para hacer ese ligero gesto.
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Re: Crazy sea

Mensaje por Yundra Vixen el Jue Nov 29, 2012 7:47 am



-¡Maldita sea, no! Bebo porque tengo deseos de hacerlo. Nadie vale tanto la pena, como para que me embriague.


La miro dispuesta a dar el trago de Ron, sin ninguna clase de repulsión. Eso me agrada. Al juzgar por su ropaje, es de una clase privilegiada, así que su pena no es por dinero, y… Tampoco lo es por un hombre. Interesante. Lo que es un hecho, es que no está acostumbrada a beber. Evito sonreír al verla carraspear tanto o más que yo.

-No la arrojes, puede que mis reflejos no sean tan buenos ésta noche. ¿Qué te parece si mejor subes a cubierta?
– sonrío amigable, pero sólo para que no tenga desconfianza de mí, al momento que arrojo por un costado, la escalerilla hecha de cuerda. –Sube, prometo portarme bien, además… Estoy completamente sola. Será una buena experiencia, lo prometo. Así cuando regreses a donde quiera que tengas que volver, podrás contar que estuviste de visita en un barco corsario y saliste viva para contarlo.

Así soy yo. Directa. Si la dama decide seguir adelante – aún y cuando le acabo de gritar en la cara que soy una “pirata con permiso” – se habrá ganado unos buenos puntos conmigo. Siempre estoy a la caza de nuevos integrantes para mi tripulación, y si son mujeres mucho mejor. Todavía persigo el sueño de tener únicamente amazonas, navegando por los siete mares, a bordo de mi buque.

-Vamos, no seas tímida
– sigo invitándola a dar ese primer paso –Sólo son unos cuántos pasos. –Le miro con picardía-. Porque aparte de todo, quiero mi costosa botella Ron de vuelta en mis manos – ¡Y vaya que lo era! Todavía puedo recordar aquel día en que me apoderé de ella, sustrayéndola del camarote de un anciano aristócrata, que pensó que mi piel reposaría bajo sus sábanas de seda. Cuán equivocado estaba -. Sé que te gustará, te daré una visita guiada.

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Re: Crazy sea

Mensaje por Ximena Bremont el Jue Nov 29, 2012 8:18 am

La reacción de la joven hace que Ximena vuelva a sonreír, no es que sus penas se hayan esfumado por completo, pero siempre ha decidido que es mucho mejor guardarlas, dejarlas en el fondo de su ser para que nadie más pueda llegar tan hondo y la lastime de nuevo. Hacía mucho que ella había llegado a la conclusión de que los amigos no existían y que de hacerlo para ella nunca estaban, la mejor amistad que había tenido era la de su dinero, pues nunca le fallaba o sólo en contadas ocasiones.

¿Subir? Mira la escalerilla y después a la chica, una sonrisa ladeada se apodera de sus labios cuando dice que se portará bien, realmente Ximena no lo cree, pero vuelve a la misma pregunta que le ha respondido todas las preguntas, irónico pero cierto, ¿Qué más da? -Subiré y espero que en verdad sepas cumplir tus promesas- no le interesa demasiado lo que le pueda pasar ¿A quién le haría falta? ¿Quién le lloraría? Nadie, esa era la realidad de la señorita Bremont.

Puso la botella en la bolsa del abrigo, era fácil de llevar -Debo decir que nunca he subido por una de estas... Y que espero que la fuerza que poseo sea suficiente para llegar o la que se abollará, será otra...- precisamente frases como aquellas eran las que hacían que la aristocracia renegara de la chica, eso a ella le daba exactamente lo mismo, decir lo que pensaba era pecado. Pero para Ximena Bremont condenarse ya no era importante, porque ya tenía su infierno y demonio personal.

Los zapatos que llevaba esperaba que no fueran un impedimento, movió las manos y tomó finalmente la cuerda mientras empezaba a subir despacio, iba escuchando lo que la chica le decía, pero a decir verdad iba más preocupada por terminar en el piso, aquello no sería agradable, no por el ridículo, si no por el dolor.

-¿Me ayudas?- preguntó estirando la mano antes de dar el último paso -Podemos decir que eres buena anfitriona- la otra mano estaba en la barandilla mientras que hacía fuerzas -Mira que si caigo te dolerá perder tu botella- sonrió de nuevo, esperaba, no es que le gustara recibir ayuda, es que en verdad no tenía la mínima idea de como salir de ahí.
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Re: Crazy sea

Mensaje por Yundra Vixen el Dom Dic 02, 2012 1:12 pm

– Yo siempre cumplo mis promesas – Y es verdad. Nadie hasta el momento ha dejado entre dicho, que Yundra Vixen es una completa mentirosa -. La cuerda es algo movediza, pero fuerte, si te sujetas bien, no tendrás ningún problema en subir… Si tan sólo no llevaras esos zapatos de tacón… - Bromeo un poco. Pero es verdad. El pie desnudo se amolda mejor a la superficie rasposa, produciéndote ese cosquilleo particular. – Te doy una mano-. Estiro mi brazo para ayudarle a subir el último tramo. Es bastante ligerita, por lo que termina por subir a cubierta sin ningún problema. –Tienes manos suaves -. Me tomo el atrevimiento de tomar mi botella, que reposa en uno de los bolsillos de su saco, para darle un par de tragos más-. ¡El mejor Ron del mundo!

Mientras bebo, la miro de pies a cabeza. Parece una ratoncita indefensa. Pero no hay que fiarse de las apariencias. El cordero puede tener piel de lobo. También en la clase acomodada hay ovejas negras, capaces de sorprenderme en un abrir y cerrar de ojos.

-Tu primera vez en tu barco corsario ¿Qué te parece? – Camino con pies descalzos sobre la cubierta de madera. Hay algunas acumulaciones de agua, pero estoy acostumbrada a la perfección. -¿Por dónde quieres comenzar my Lady? - Guardo mi botella en el bolsito tejido -. Estoy a sus órdenes. – Le regalo una pequeña sonrisa enigmática. En ella encierro millones de mensajes implícitos, que sólo pueden ser captadas por un ojo experto. Mientras ella parece pensarlo, doy el primer paso para decirle un poco de historia -. Estás a bordo del Melody Dream y yo soy la capitana, por obviedad – me dirijo al timón de mando, jugueteando un poco con él, sentada en una caja que reposa cerca del mismo. -Ésta preciosa nave, ha viajado por los mares torrentosos del mundo. Ha salido avante de las tormentas más agresivas que hayas podido imaginar. Es mi más preciada posesión.

Es cierto. Si hay algo de lo que puedo estar orgullosa, es de mi buque. Me costó una fortuna comprarlo, pero valió cada uno de los galeones que pagué para su construcción. Es parte de mí. Mi segunda piel.

-Es una nave joven, pero agresiva y muy veloz. Es muy difícil darle alcance. Aún y para la guardia real inglesa. Si sabes a lo que me refiero… -Ahora es mi pie quien juguetea con el mando - ¿Alguna pregunta hasta aquí? – Alzo una ceja expectante, a lo que me tenga que decir.

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Re: Crazy sea

Mensaje por Ximena Bremont el Mar Dic 04, 2012 3:41 am

Llegar a la meta es demasiado sencillo, debe aceptar que no es de gran clase aquella nave, pero también es verdad que las riquezas nunca le han dejado buen sabor de boca a la chica, tal vez ahora que está del otro lado pueda estar un poco más tranquila. Vive la discriminación día a día y puede que aquello la canse, ¿En un mundo así quién quiere vivir? Ella no, definitivamente, pero nunca ha reunido el valor necesario y suficiente como para terminar con lo que llaman vida.

Sonríe de lado al ver que la chica no conoce lo que son las reglas de "etiqueta" pero no es algo que le ofenda, después de todo sólo toma lo que es suyo -No está mal, a decir verdad, pero sí algo fuerte- encoge los hombros, realmente no sabe si la bebida es fuerte o sólo su falta de costumbre en ese sentido -Y... Gracias... - se observa las manos con cierta desconfianza, ella es demasiado cuidadosa en su aspecto personal y era lógico que su piel era tersa y suave, sin embargo no esperaba que la chica dijera aquello.

Nunca se había sentido observada o al menos no es que lo hubieran hecho de forma tan descarada así que simplemente tomó aire y miró hacia un lado, sus palabras la traen de nuevo al sitio, ver la inmensidad del mar la había perdido por un par de segundos, tenía mucho tiempo encerrada en su casa -Es un buen barco o eso digo puesto que no tengo con que comparar- observa a la chica, no tiene nervios pero sabe bien que esa sonrisa no es amigable, es... Realmente no sabe como es, se puede decir que está desbalanceada por su comportamiento, intenta que sus gestos no indiquen nada, ni siquiera el desconcierto -¿Por qué le has puesto ese nombre? A decir verdad siempre pensé que los barcos corsarios tenían nombres... ¿Rudos?- no sabía nada de ese mundo, pero su lógica le dictaba aquello, tal vez estaba equivocada o es que nunca se imaginó encontrarse con una mujer dirigiendo el barco, siempre pensó eran las secuestradas y... Demás cosas de los corsarios, su mundo era demasiado cerrado, debía aceptarlo -Espero que no te ofenda y bueno si quieres puedes burlarte, pero prefiero decir lo que creo a seguir siendo ignorante- las manos regresan al único lugar seguro que tienen de momento, las bolsas en su abrigo.

-¿Me dejarías navegar? Claro sólo mover el timón un par de veces a donde tú me digas- se acerca un poco aunque a decir verdad no quiere moverse mucho, el agua en el barco la hace sentirse insegura, sobre todo por los tacones, sólo recarga una mano en el timón, parece niña en una feria, tocando todo lo que puede -Si estamos hablando es porque la guardia no ha podido contigo, diría que tu barco es como tú- Ximena encogió los hombros, no sabía si la chica era veloz, pero por su apariencia sí que parecía agresiva.
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Re: Crazy sea

Mensaje por Yundra Vixen el Mar Dic 11, 2012 12:50 pm

Asiento cuando me da las gracias y le miro observarse las manos ante mi comentario. Más que un cumplido es algo obvio, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de coquetear un poco, sin parecer descarada. Pude haberle dicho que tiene ojos preciosos, un cabello envidiable y… Un sinfín de halagos que habrían estado de más, ciertamente; porque lo que realmente llama mi atención en ella es – que a pesar de su juventud – es muy valiente. Le invité a subir a bordo, le ofrecí Ron… Pudo rechazar mi invitación, inclusive comportarse de una manera grosera. Echarme en cara su posición social, dejando perfectamente en claro el gran abismo que hay entre ambos mundos. Ésta actitud habla muy bien de ella, por lo que se presenta otra gran interrogante: ¿Qué está haciendo realmente aquí? Indudablemente, “algo” la atrajo hacia el puerto. Literalmente, mataría por saber su secreto.

–Desde luego que es un gran navío – alejo mis pensamientos por breves minutos, y sonrío al escucharle decir, que los barcos de gente como yo , deberían tener – en su gran mayoría –nombres más regios. – A pesar de todo, sigo siendo una soñadora empedernida, amante de la buena música, idealista – Hago una pausa más para levantarme y dar un par de tragos más a la botella – En resumen: No puedo ocultar, que en el fondo, soy una romántica sin remedio. – Le regalo una mirada inquietante – Una mujer de contrastes, como podrás notar – sonrío un poco - ¿Quieres navegar? –alzo una ceja, pues ya es costumbre en mí.

No pienso mover el barco por el momento, eso es un hecho irrevocable. Se necesita más personal para tales menesteres y he despachado a todos los marinos. Para éstas instancias, lo más probable es que se encuentren perdidos por el alcohol, durmiendo o en la cama de alguna cortesana, en el mejor de los casos.

–Temo decirle que no podré concederte tu petición, my lady. Sin embargo, puedo proponerte un plan B. Sígueme-. Ha sonado a orden. En realidad lo es, pero le conviene seguirme los pasos, pues le mostraré que quizás le sorprenda.

Atado a una cuerda, en la parte trasera del buque, se encuentra un pequeño navío, que obtuve de un saqueo reciente. Mismo que no he tenido oportunidad de colocar, con algún aristócrata, amante de navegar: Tiene un par de velas, y un pequeño timón que hasta un mozuelo podría manipular.

–¿Qué te parece? – Le digo observando desde la proa con admiración, aquella pequeña gran maravilla -. Será un regalo para el rey – la miro de reojo, esperando encontrar alguna reacción de sorpresa -. Es por eso que he venido a Inglaterra. Debo entregarse lo en sus propias manos. Ya que gracias a él, poseo la patente de corso. Necesito entregarle parte del motín, como es natural – Me encojo de hombros. A veces odio tener que entregar mis riquezas. De cualquier manera, nunca entrego más allá de lo que estoy dispuesta a ceder-. Puedes navegarlo, si lo deseas. Ahora… Quítate los zapatos. -Como auténtica equilibrista, me sujeta de aquella cuerda gruesa y rasposa, con manos y pies., ya que sólo se puede llegar hasta la pequeña embarcación de ésta manera. Una vez hice el recorrido, dejo caerme en cubierta, haciéndolo tambalear un poco hacia ambos costados.

–Es tu turno… -Acabo de recordar que no he preguntado por su nombre. Estoy tan acostumbrada a tratar únicamente con pelafustanes y vagos – con los cuales las presentaciones formales están de más – que la mayoría de las veces – por no decir todas – prescindo de las reglas sencillas de educación – Estoy segura de que puedes hacerlo. Te recomiendo abandonar todo aquello que te estorbe, o irremediablemente caerás al mar por “exceso de equipaje”. Debo recordarte que el agua está deliciosamente… Helada.
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Re: Crazy sea

Mensaje por Ximena Bremont el Mar Dic 11, 2012 9:09 pm

Su cerebro se había apagado, podríamos decir que estaba desconectado, que las ideas se las había llevado el viento y que las voces que la atormentaban se habían desvanecido en el susurro de la brisa. Ella ya no estaba ensimismada, ya había algo más. Estaba ¿Relajada? No, esa no era la palabra, pero sí se podría decir que se encontraba ocupada intentando que nadie le notara mal, aquella careta que la envolvía en el día, hoy hacía una función nocturna, tendría que pagar las horas extras, no era la primera vez, los fantasmas siempre volvían para hacerle saber que no la dejarían en paz.

Podría estar equivocada, casi siempre lo hacía, pero podría decir que las miradas que la chica le dedicaba iban cargadas de algo, no era odio, no era arrebato, era "algo" que aún no lograba descifrar "Ximena, concéntrate" se repetía internamente intentando que la melancolía se fuera a refugiar sola en un rincón de su ser para que ella pudiera estar al pendiente de su entorno y no cuidándose de él.

Ella no era como otras, era temeraria y brava, no se le veía en sus facciones, pero sí en su forma de hablar, de moverse, incluso de vestir, era una mujer que no servía sólo para esperar al marido y tener los hijos que él quisiera. Se dedicaba a observarla, pero de algún modo era extraño todo aquello. Sonrió casi de manera infantil, podría decirse que burlona, Bremont debía confesar que no había reído más fuerte porque sencillamente era incorrecto y una falta de respeto para la castaña que tenía delante, pero al mismo tiempo casi le dio ternura -Una soñadora...- murmuró con una fina sonrisa que se perfilaba en sus labios sin dejar a la vista ninguno de sus dientes, su cabeza encontró el ángulo perfecto intentando reclinarse sobre su hombro derecho -Pensé que ya nadie tenía sueños... Ni ilusiones, ni mucho menos romanticismo guardado por algún lugar del cuerpo o del alma, o de lo que quiera que sea donde se guardan todas esas cosas- movió la cabeza apenas percetible mientras sus labios se contraían en una mueca de incredulidad -Pero que bueno que lo hagas...- sentenció admirando los sueños que la mujer que tenía delante tuviera, pero también los envidiaba, hacía mucho que ella no esperaba nada ni tampoco había algo que le causara esperanza alguna, si Ximena dejaba de tener dinero, dejaba de tener todo lo que conocía de vida y de... "Amigos" -Hace mucho que no sueño con nada...- sus labios habían hablado sin querer y simplemente sus ojos buscaron algo que no había por ningún lado intentando dejar que la brisa se llevara las palabras y las revolviera con el mar.

Asintió a su pregunta, pero sabía que tal vez eso no se podría y estaba de acuerdo, nadie en sus cabales dejaría a Ximena mover semejante máquina -No es algo que haya anhelado toda mi vida, pero... No creo que esté mal, siempre puedes tomar el mando si el puesto me queda muy grande- encogió los hombros y soltó el timón mientras le veía. Las reglas no se hicieron para la pequeña heredera Bremont, pero no es algo que se pueda pasar por alto y más si es para su diversión.

Echa las manos hacia atrás y se asoma sintiendo un ligero vértigo que pasa casi de inmediato mientras que se queda viendo el pequeño "regalo" -¿Al rey?- una sonrisa sarcástica se dibuja en sus labios y resopla suavemente, no cabe duda que las caras falsas las encuentras en todos lados, las caretas se encuentran vestidas de oro y diamantes -Y él no se ensucia las manos... Asqueroso...- murmuró arrugando la nariz.

Al ver a la chica descender se quedó boquiabierta ¿Ella tendría que hacer eso? Esperaba que no... Pero al menos hasta el momento no había observado ningún otro modo de bajar. Se descalzó y dejó los zapatos a un lado, sintió la humedad de las tablas y como su piel se erizaba a causa del frío -Espero que tengas fuerza para sujetarme o que el barco no se mueva demasiado- agarró la cuerda con ambas manos y tomó mucho aire, se quitó el abrigo y subió las mangas de su blusa, definitivamente no parecía una señorita de casa en busca de marido para que las demás no dijeran que era una solterona. Subió una pierna y la enredó en la soga mientras que intentaba hacer lo mismo con la otra ¿Qué dirían los de "su clase" si la vieran colgando de una cuerda de ese modo? Tal vez la repugnarían más de lo que ya lo hacen.

Sintió el calor de la cuerda sobre las palmas y a través de la tela de su falda mientras que descendía lentamente, no quería dejarse caer, los ojos los llevaba cerrados y estaba bajando junto con ella a toda la corte celestial a pesar de ser atea, un trastrabilleo la hizo dar un grito cargado de angustia, afortunadamente con sólo estirar las piernas tocaba el piso -Joder... esto es más complicado de lo que yo creía- se sobó las manos y miró a la chica -A veces pierdo la clase- mencionó a modo de burla mientras que ponía un pie sobre el otro y sus dedos apenas si se lograban doblar, no estaba acostumbrada eso, pero debía aceptar que era una experiencia agradable, aunque para los demás no fuera digna de contar.

Miró de un lado a otro, el cabello se le había desacomodado del perfecto chongo que llevaba hasta hace apenas unos minutos y el flequillo amenazaba con dejarla sin vista lo que quedaba de la noche. No sabía por qué estaba ahí, tampoco por qué confiaba en aquella chica, pero lo que sí sabía es que estaba lejos de hipocresías y de todo aquello que le recordaba su triste realidad -¿El rey no se enojará porque estoy en su propiedad?-volteó a ver a la chica y sonrió de manera cómplice, no le daba miedo, pero quería descubrir que veía ella en este tipo de vida, ya que una soñadora romántica, no le encajaba en un perfil de corsaria. ¿Seria una careta? Podría ser.
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Ximena Bremont
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Re: Crazy sea

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