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Anol Shalom [Aidan Maloney]

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Anol Shalom [Aidan Maloney]

Mensaje por Aleksandr Skriabin el Sáb Dic 01, 2012 5:36 pm

Anol Shalom
La inspiración se ha ido. Había abandonado mi morada hace varios días atrás. Pensé sería algo pasajero como la vez pasada, creí que regresaría a mí luego de un par de horas de ausentismo, pero no fue así. Me había dejado completamente sólo, con una partitura sin terminar y con un concierto que se acercaba peligrosamente. Que desdicha la mía tener que depender de él últimamente para poder sentirme artista. Sí, él, porque mi inspiración tenía nombre, edad, estatura y voz… aquella voz. Ya no la escucharía nunca más, ya no alegraría mis mañanas, ¿a quién escucharía ahora practicando poesías? Pero todo había sido mi culpa, en el fondo sabía que a aquel joven no le interesaba nada de mí más que mi dinero y la gente a la que frecuentaba; era un poetista incipiente y un hablador como no había dos; ambicionaba ganar influencias y ganarse el reconocimiento de la sociedad y, sinceramente, esperaba que lo hubiese conseguido. Escribía buenas poesías aunque su inmadurez y materialismo le jugaban en contra.

Aquel día había pasado postrado en mi cama, extrañamente no me sentía enfermo sino más bien era un sentimiento semejante a la tristeza. No entendía por qué: era algo que sabía que ocurriría pero sus palabras me habían… ¿enamorado? Sonreí por mi tamaña ingenuidad y me volteé en mi cama para acomodarme mejor. Mis ojos se fijaron en una pequeña y elegante invitación de color bronce. Ya la había leído en repetidas ocasiones pero, hasta ese momento, no había sabido qué responderles. Se trataba del teatro, estaban preparando su obra anual a la que asistían las personas más importantes de Inglaterra: ejecutivos, burgueses e incluso algún que príncipe o duque. Me habían pedido que les conceda el honor de tocar algunas de mis piezas en la obra para aumentar el prestigio del evento, pero siempre había tenido la idea de que las historias que contaba en mis composiciones no podían ser representadas fuera de mi mente. Más sin embargo, carente de inspiración como me encontraba, el teatro parecía ser un buen lugar para impregnarme de arte y jovialidad. Los autores, los bailarines, la orquesta, era toda una vorágine de personas que podían ayudarme en mi labor de componer.

Estaba decidido, aceptaría la propuesta y en este momento me dirigiría al teatro para cerciorarme que no era demasiado tarde.


―Me alegra que haya aceptado la propuesta, señor.― Me comunicó Louis y yo sólo atiné a sonreírle amablemente. Sabía que lo decía por su hijo que era parte de los extras de la obra. Le habían hablado mucho de mí, según tenía entendido, pero no me molestaba en lo absoluto.

―Necesitaba un poco de distracción, no estaba haciendo nada en la casa. ― No estaba haciendo nada, era verdad. Los días y las noches me las pasaba mirando al techo esperando, ilusamente, que mi Antínoo regresara. El carro cesó su andar justo en la gran entrada en donde uno de los botones me dio la bienvenida y abrió la puerta para que saliera. Di algunas indicaciones a Louis y, saliendo del carro, seguí las instrucciones que el joven de la recepción me había dado. La dueña del teatro ya estaba enterada de mi presencia y me había citado en el escenario principal en donde, en estos momentos, estaban ensayando.

Todo en aquel lugar era hermoso e impecable, desde las alfombras del suelo hasta las arañas que colgaban del techo imponentes iluminando toda la estancia. El escenario principal se encontraba luego de subir unas hermosas escaleras de fino mármol y cruzar un par de puertas con finos acabados que me doblaban en altura. Una vez adentro, busqué a la señorita Danielle por los primeros asientos pero no la encontré. Lo que sí encontré fue un joven bastante hermoso que en estos momentos era el centro de la escena y recitaba sus líneas con completa soltura. Se parecía tanto al que alguna vez llamé: “mí Antínoo”. Suspiré algo incómodo e, incapaz de seguir viendo más al escenario, bajé mis ojos hacia el suelo y respiré con tranquilidad. Ya me había comprometido y era demasiado tarde, además de irrespetuoso, decirles que no a estas alturas.

―¿Aleksandr?, ¿Aleksandr Scriabin? ― Me reconoció uno de los músicos al cual le sonreí en señal de saludo. Sí, ya era demasiado tarde.

Aleksandr Skriabin
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Re: Anol Shalom [Aidan Maloney]

Mensaje por Joshua Maloney el Mar Dic 04, 2012 8:41 am

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“Sobre la riente onda del inmenso mar azul, nuestros pensamientos, y nuestras almas son tan libres como las inmensas olas del mar”


Aquella noche, no sería una noche cualquiera, de eso estaba completamente seguro. A pesar de haber salido alimentarme un par de minutos atrás, y de haberme castigado por haberme alimentado de un humano indefenso; me encontraba totalmente apático y con un gran sentimiento de culpa cada que esto ocurría. Pero alimentarme de animales ya no era para mí, porque no tenía el tiempo ni las ganas, lamentablemente. Ser el actor principal de una obra de teatro, representaba un gran reto y una gran responsabilidad. Se debía estar enfocado al ciento por ciento, dejando la vida personal en segundo plano. La vida… ¡Cuánta ironía hablar de la vida, cuando ya se estaba muerto!

Pero no quería ponerme a filosofar en ése momento. Ésa manía de encontrarle el principio a las cosas, me hacía soñar despierto en fracción de segundos, y olvidarme de lo que realmente importaba: Tendríamos un invitado de honor, debía – tenía – que estar presentable y dar las mejores impresiones para el bien de la compañía. No siempre se podía contar con tales personajes como Aleksandr Skriabin, y ésta noche debía ser enteramente diferente.

Escogí el mejor de mis trajes, me arreglé todo cuanto pude y me dirigí a paso veloz – pero sin llamar poderosamente la atención de la gente – hacia el teatro, que quedaba solamente a unos cuantos bloques de mi hogar. Si mi corazón latiera, estaría desbordado. Debía decir un pequeño discurso de bienvenida ¡y Dios sabía cuánto me costaba referirme hacia alguien en particular, porque de inmediato se me notaba lo provinciano! Podía recitar los mejores diálogos del mundo, pararme frente a un centenar de personas que me veían fijamente, sin parpadear, pero de eso, ha ser el director de escena – por citar un ejemplo – había un abismo inmenso.

Cuando estuve parado frente a la entrada trasera del teatro, me persigné, dije una oración rápida y penetré en el recinto. Ya los músicos de la orquesta se apostaban en sus respectivos asientos, debajo del entarimado, charlando entre ellos. Al igual que yo, parecían emocionados, y no era para menos. Sumado al músico, vendrían algunas personalidades importantes: Clase alta, aristócratas, y realeza de algunos países. Por ser una función a beneficio de varias casas hogares, los precios para el ingreso, rayaban en lo absurdo. Jamás había visto tantos ceros impresos en un billete de entrada. Pero claro, alguien de economía media, no podría darse nunca tales lujos.

Desde mi actual ubicación – prácticamente escondido detrás del telón, desde donde espiaba disimuladamente – Observé que la algarabía comenzó a hacerse presente. Fue entonces que lo vi. Un sujeto de figura espigada, bastante alto y con rostro serio. No cabía duda que los recortes en los periódicos no le favorecían en nada. En persona se le veía diferente. Incluso podría jurar que no le agradaba ser el centro de atención en aquel momento y que estaba nervioso.

No supe como ni porqué – porque no me di cuenta – pero de repente ya estaba parado justo en medio del escenario, observándole. Quizás mi curiosidad me empujó hacia adelante, y caminé como autómata. No lo sé, simplemente lo miré y no le despegué el ojo en ningún momento. Era una mirada de admiración, más que otra cosa. Siempre me había gustado su manera de tocar el piano y aquellas melodías que de vez en vez, no podía entender, debido a los constantes cambios en su estructura. ¡Pero qué iba a saber yo de partituras! Absolutamente nada.

Reaccioné – más bien volví al mundo real – cuando sentí que me miró por breves segundos. Bajé la mirada y me arreglé el corbatín, sólo para disimular y no ser tan obvio. Agradecí interiormente que un violinista se acercara hasta a él para expresarle sus respetos, presentándole al resto de la orquesta, que ensayó en innumerables ocasiones, para poder presentar un trabajo impecable aquella noche.
Suspiré y aflojé mis músculos, pues me sentía entumido. ¡Los nervios que no me dejaban en paz! Caminé un poco por el escenario para irme ambientando. Moví mi cuello en repetidas ocasiones para hacerlo tronar y… Bueno. Ahora Skriabin ya se había sentado frente a su piano, aflojando los dedos. Era ahora o nunca. Nunca podría tener una oportunidad como aquella, así que me armé de valor y me aproximé hasta donde me fue posible:

–Buenas noches señor Skriabin – Mi voz en aquel momento, salió como en un susurro. Apagada – Permítame expresarle mi total admiración. Y de manera informal – y de mi parte únicamente por el momento – Le doy la más cordial bienvenida.

Tenía unas ganas inmensas de bajar hasta el nivel del suelo, porque pensé que no era de buena educación hablarle desde arriba. Sólo esperaba que no rechazara mis palabras sinceras, por ser sólo un actor de teatro y que no se fijara demasiado en mi falta de modales

Joshua Maloney
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Re: Anol Shalom [Aidan Maloney]

Mensaje por Aleksandr Skriabin el Miér Dic 12, 2012 9:45 pm

Cientos de escenas comenzaron a venirse a mi cabeza como si se tratara de una especie de película de mi vida. ¿Los protagonistas?: Aquel joven poeta y yo. Recordé la noche en que lo conocí, tan desprolijo y erizado. Estaba recitando a Edgar Allan Poe en un pequeño bar al centro de Inglaterra al cual yo había ido por mera casualidad. Me gustaba Edgar Allan Poe pero él me había cautivado. Terminé quedándome toda la velada, sentado en una de las mesas más próximas al escenario; desentonaba un poco con el ambiente ya que parecía ser el único que lo escuchaba y aplaudía cada vez que terminaba una estrofa. En más de una ocasión él se regresaba a verme con una sonrisa, y fue aquella conversación silenciosa que mantuvimos la que anticipó el comienzo de una temporada juntos. Lastimosamente el final había sido… ¿cómo llamarlo?... devastador.

―¿Señor Aleksandr? ― Escuché mi nombre proveniente de una voz desconocida y parpadeé varias veces. Lo primero que hice fue intentar ubicar al joven actor que había llamado mi atención al entrar pero no lo encontré. Seguramente había entrado a preparar su diálogo para el ensayo de una nueva escena. ―Señor Aleksandr, ¿se encuentra bien? ― Aquella voz nuevamente, por lo que tuve que girar con educación para ver de quién se trataba.

―Oh…― Lo identifiqué de inmediato, era el músico que, tan gentilmente, se había levantado para darme la bienvenida. Ahora su deseo era presentarme a los demás miembros de la orquesta pero al parecer yo me había distraído un poco. ―Yo… lo siento. ― Me excusé de inmediato profundamente apenado. ―Sólo tuve un breve dolor de cabeza, pero vamos caballeros, que ya está todo bien. ― Sonreí y aplaudí un par de veces con entusiasmo. El amable músico, que resultó ser el violinista principal, me presentó uno por uno a sus compañeros. André y James, los violonchelistas, me hicieron reír unos buenos segundos con su peculiar sentido del humor. En definitiva, era un grupo bastante agradable y estaba seguro que la pasaría bien trabajando y aprendiendo con ellos. André me señaló un piano y me indicaron que ese sería mi lugar.

De inmediato me senté en la butaca frente al piano y comencé a pasar mis dedos sobre sus teclas. Estaba limpio y… Toqué la nota Do varias veces… muy afinado también. A manera de calentamiento comencé a pasear grácilmente mis dedos entonando una melodía inexistente cuando la voz de un joven me obligó a cesar mi improvisado calentamiento. ―No…― Sabía de quien se trataba por el reflejo de su perfil sobre la encerada madera del piano: era aquel joven. Alegando que limpiaba con la yema de mi dedo índice una pequeña mancha sobre la superficie del teclado, permanecí con la mirada baja hasta que me llené de fuerzas para levantar mi mentón y mirarlo. De cerca era aún más parecido a aquel que me había abandonado y, tragar saliva, fue un accionar involuntario que no pude evitar.

―Vaya…― Estaba mirando hacia arriba porque él estaba sobre el escenario y yo abajo, en el área de los músicos. La iluminación de la escenografía me molestaba un poco en los ojos más sin embargo me mantenía sonriente para ocultar mi nerviosismo. ―Muchísimas gracias por la bienvenida, joven…― Me di cuenta que no había preguntado su nombre y, creí conveniente hacerlo para ir conociendo al cuerpo teatral. Eso y porque realmente quería saber su nombre. ― ¿Cuál es su nombre, disculpe? ―Pregunté mirando su frente. Sí, su frente, porque me sentía un poco incapacitado para mirarlo directamente a los ojos.

―Supongo que es de los actores principales de la obra, ¿no?― Intenté, torpemente, hacer un poco más de conversación y realmente no entendía para qué. Era notorio que su presencia me incomodaba más sin embargo, su gran parecer con Joan, el joven poeta, me hacían querer conocerlo.

Aleksandr Skriabin
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Re: Anol Shalom [Aidan Maloney]

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