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Ahogando las penas con alcohol [Caleb Abastos]

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Ahogando las penas con alcohol [Caleb Abastos]

Mensaje por Mylenka Ivanova el Sáb Dic 01, 2012 6:55 pm

Un día muy pesado era el que tenía por vivir y no sólo eso, si no que era el aniversario de bodas, mi boda... hacía ya tantos años que no podía recordar -o quería- el número exacto. Miré al cielo encapotado y sabía que estaba a punto de llover. Dios lloraba conmigo, quería creer, aunque quizá sólo era un banal consuelo de que él estaba conmigo. Muchas veces vi a mi amado Joseph reír con esa vitalidad que me parecía imposible que hubiera cambiado en tan poco tiempo y mi vida hubiera sido un infierno desde entonces. Aún recordaba su sonrisa al contraer nupcias conmigo, su dulzura en su forma de conducirse, de tratarme. Cuánto no me cuidó, cuánto no me procuró y yo... Cerré los ojos con fuerza en tanto caminaba intentando cubrir mi cuerpo precariamente con el abrigo negro que me acompañaba en todo momento. Acomodé el listón verde que separaba mis cabellos del rostro en tanto el frío movía la tela de mis ropas queriendo quizá desprenderlas de mi cuerpo intentando encontrar una ocupación que dispersara esos tristes pensamientos de mi mente, sin lograrlo.

Ojalá pudieran alejarse así las culpas, la soledad y la desesperación que aún me ahogaban. Una pena que tuviera una presentación en pocos días o me quedaría bajo la lluvia inminente y dejaría que me mojara de pies a cabeza. Saltaría por los charcos recordando cuando era niña y nada podía lastimarme. Ni física, ni anímicamente. Era tan fácil vivir, pasar de un día para otro sólo preocupándome por la tarea escolar y la de casa. Quería ser tan débil para desear que el tiempo fuera atrás, pero no lo era. Sabía que debía encarar la vida, así que levanté la barbilla y seguí avante. Me deleité en el ensayo, el ballet era mi pasión y me olvidé de todo que no fuera cada movimiento que debía verse y ser perfecto.

Los dedos de mi mano dolían al final del día, el frío era implacable y la lluvia hacía que fuera mayor el azote contra mi cuerpo que necesitaba al menos un poco de calor. Mis pies vagaban por la noche en tanto intentaba cubrirme lo mejor que podía con el abrigo hasta que alcé la mirada y me encuentré frente a un Bar. ¿Debería? Era dinero que no tenía, que no debería gastar. Y sin embargo ansiaba al menos un poco de olvido.

Abrí la puerta y miré a mi alrededor, había hombres riéndose por algún comentario gracioso, mujeres que buscaban deleitarlos y conseguir así monedas. La barra estaba semivacía en su orientación occidental y ahí decidí sentarme, junto a la ventana para mirar las gotas de lluvia caer. Volteé y alcé la mano para llamar la atención del cantinero, no sabía qué pedir, por lo que opté por ponerme en sus experimentadas manos.

- Quiero algo dulce, no empalagoso. Fresco, pero con cierto toque que pueda deleitarme e invitarme a seguir tomando. Y que no sea caro. ¿Puede ayudarme, por favor?
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Re: Ahogando las penas con alcohol [Caleb Abastos]

Mensaje por Caleb Abastos el Lun Dic 03, 2012 12:31 am

Habían pasado 10 días desde que llegue a Inglaterra, había estado un poco difícil la situación ya que no conocía el país y la gente no se mostraba muy amable, salvo por un par de chicas que me dijeron donde podía hospedarme y pasar las siguientes noches. El lugar donde llegue a parar no era una mansión pero estaba bien, de hecho el casero me dijo que si no tenia como pagarle podía hacerlo trabajando en el bar que el tenia, así que acepte su propuesta, después de mucho tiempo iba a poner en práctica aquellas sesiones de licor que tenía mi padre con sus amigos después de trabajar y con ellas ganarme unas monedas. Hoy es mi segundo día en el bar y me he acostumbrado muy rápido, de hecho cuando me levante supe que iba a ser un buen día, los días que amanecen tristes y lluviosos siempre llaman a las almas desoladas a ahogar sus penas en un vaso de licor. Y eso para mí significa dinero, siempre y cuando no terminen demasiado borrachos y tenga que sacarlos del bar a la fuerza. El bar del viejo era un poco rudimentario, con unas cuantas mesas y una barra larga que recorría todo el ancho del local, atrás de esta una repisa donde reposaban los licores y debajo de la barra sin que los clientes vean se encontraban los dos tesoros del Bar, una escopeta y un Whisky añejo que el viejo había conseguido de una embarcación pirata a cambio de 2 barriles de ron, siempre por ahí rondaban unas chicas atiborradas de un maquillaje no muy caro ofreciendo sus servicios a los clientes, el viejo nunca las echaba ya que decía que si no lo hacían ahí lo harían en la calle y eso era más peligroso – interesante forma de pensar si recibes una paga “especial” por dejarlas trabajar ahí – pero era su negocio y yo un simple cantinero.

El día había estado tranquilo, nada fuera de lo normal. Un grupo de muchachos que venía a celebrar el nacimiento del hijo de uno de ellos, unos hombres que parecían ladrones por la forma de contar su dinero y repartirlo y unos cuantos hombres que venían a deleitar sus ojos con las jóvenes señoritas que laboraban en el bar. Había empezado a llover, pero esta lluvia era diferente, no era esa lluvia que sentía en los bosques de Barcelona cuando corría, tampoco era esa lluvia que vi en mi viaje a Inglaterra, esta lluvia era triste como si muchas personas sufrieran en este país. Trate de alejar esas ideas de mi cabeza y me puse a secar los vasos por si algún cliente mas llegaba, mi premonición fue correcta aunque extraña.

Había entrado al Bar una mujer muy hermosa. La seguí con la mirada y me di cuenta que tenía los ojos tristes y melancólicos, sus facciones demasiado delicadas y delgadas mostraban que se trataba de una mujer de rasgos demasiado finos, pero su cuerpo se encontraba cubierto o más bien tapado por un abrigo que se notaba le pertenecía a un varón. El que se haya sentado tan rápido me demostró que no esperaba a nadie y que el abrigo podría ser de cualquier persona, incluso su padre, hermano, quien sea. La joven mujer alzo su mano intentando llamar mi atención, sin saber que ya la tenía desde el momento en que ingreso, note rápidamente que su mano no portaba ningún aro – ¿soltera de repente? – bueno eso sería fácil de descubrir.

Me acerque rápidamente y antes de que pudiera decir algo, la dama me hizo su pedido, solo pude sonreír y asentir con la cabeza. Algo dulce, fresco y con un toque de alcohol que la invite a seguir tomando, una preparación que no combinaba con su mirada melancólica hacia la ventana. Di una media vuelta y cogí de los estantes el licor de almendras que tenía el viejo, me aleje un poco de ella hacia donde tenía mis otros ingredientes, levante la botella de jugo de naranja que exprimía todos los días antes de empezar y una rodaja de la misma fruta, agarre la mejor copa y mezcle los ingredientes, coloque la rodaja en el borde y se lo acerque a la hermosa dama diciéndole:


Buenas señorita, aquí tiene su pedido y por ser la primera vez que nos visita la casa invita, solo espero que sea de su agrado. – me aleje un poco de ella y recostado en el estante volví a hablar – Señorita, si me permite el atrevimiento, ¿Cómo llego una mujer tan hermosa como usted a un bar como este?


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Re: Ahogando las penas con alcohol [Caleb Abastos]

Mensaje por Mylenka Ivanova el Sáb Dic 08, 2012 10:37 am

Para mi fortuna el camarero sabía qué ofrecerme, no quería llenarme la cabeza con términos raros de bebidas que en mi vida he probado y que no planeo volver a beber. Aprenderme sus nombres era más banal que saber las capitales de ciudades que jamás visitaré o fórmulas matemáticas que no utilizaré. No podía creer que hubiera personas que se afanaran en ello, ¿Qué sentido tiene saber que la capital de España es Madrid si lo más importante es obtener un empleo para mantenerte viva? Saber dónde están las tiendas más baratas y dónde conseguir de segunda mano ropa es mucho más interesante que saber cuánto vale "Pi".

Noté en ese instante que mis pies estaban helados y húmedos, aunque no dudo que con la bebida lento irán calentándose. En mi mente resonó una vieja canción de una mujer que la entonaba con un tono de tristeza que iba perfecto con mi estado de ánimo. La lluvia golpeaba los cristales y agradecía por primera vez no estar bajo ella. Hoy no estaba de humor para sonreír o disfrutarla. Una bebida colorida se colocó ante mí. Una rodaja de fruta me obligó a parpadear como si no entendiera qué hacía ahí. Y la voz del joven me ayudó a recordar: claro, la había pedido. Qué fácil era abstraerse del mundo.

Mis ojos se elevaron hacia los suyos ignorante de que mi rostro no tenía ningún maquillaje, que mis cabellos se habían soltado del moño con el que los había sujeto y se enroscaban alrededor de mis mejillas y frente al estar húmedos. Las ojeras de los días sin dormir hacían sus estragos en lo que alguna vez fue una cara bella y ahora sólo era un recuerdo inmerecedor de la belleza con la que había enamorado a mi marido. De la alegría con que la había engalonado. Me encogí de hombros ante su pregunta. ¿Qué podía decirle sin causarle pena ajena?

Así era con la gente que sabía mi historia y veía cómo gran parte de mi cheque se iba en el sanatorio. Uno que no piso desde hace ya muchos meses, tantos que ni puedo recordar el número exacto, desde ese día que...

- Lo que a todos atrae a un lugar así... el deseo por el olvido, por tener una escapatoria a un mundo que no comprenden o en mi caso, aún no acepto. Gracias por la bebida.

Bebí un trago pequeño y asentí, estaba buena. La acidez del zumo combinaba perfecto con el dulzor del licor. Y no empalagaba, todo lo contrario. Invitaba a más. Y me dí el gusto. Otro pequeño sorbo y suspiré alzando los ojos para verlo, era atractivo, pero con una sonrisa irónica lo comparé irremediablemente con mi marido. Así era todo el tiempo, seguía colada por el que me robara el corazón hacía ya tantos años y el que lo rompiera junto con su cordura.

- De seguro ve mucho de ésto todas las noches, lo que no le será extraño. Y perdone que pregunte, pero me embarga la curiosidad. ¿Hay algo que sí sea extraño?

Otro trago y vi que bajaba con rapidez el nivel, debía tener cuidado, no quería emborracharme aunque fuera la única respuesta al dolor que ahora mismo lasceraba mi corazón.
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Re: Ahogando las penas con alcohol [Caleb Abastos]

Mensaje por Caleb Abastos el Lun Dic 10, 2012 10:16 pm

Era una belleza extraña, una belleza triste, un rostro melancólico pero a la vez lleno de desesperación, como si quisiera gritarle al mundo algo que guarda en su pecho junto con un profundo dolor y resignación. Aquella mujer me causaba un cosquilleo en la espalda, no sabia si era por aquella mirada perdida en la lluvia o esa belleza atrapada en una cárcel de pena y noches sin dormir, me devolvió la mirada con sutileza y respondió a mi pregunta, en ese momento me di cuenta que era la quinta vez que limpiaba el mismo vaso, debí de haber parecido muy tonto pero a pesar de todo sus palabras fueron muy ciertas aunque llevaba muy poco tiempo en el bar del viejo, me había dado cuenta de que aquellos que se sentaban en la barra lo hacían solamente con el afán de que la bebida los ayude a olvidar, de que aquel trago a veces amargo, a veces dulce, pudiera calmar o curar por un momento el dolor que embargaba sus corazones. Esta hermosa mujer era una de aquellas personas.

Yo no sabia cual era el dolor que la embargaba y tampoco era de mi incumbencia, todos los que pasaban por ese bar tenían diferentes historias algunos las compartían otros se callaban y esta mujer parecía que quería callar, que le atormentaba la idea de que alguien mas supiera que la aquejaba, una infidelidad, una decisión o incluso un crimen uno nunca sabe como son las personas y bueno yo soy un claro un ejemplo gracias al secreto que llevare conmigo a la tumba. Levanto su mirada que se cruzo con la mía, por un momento pude verla fijamente, sus cabellos estaban sueltos y algunos mechones rozaban su rostro, tenia unas ojeras no muy marcadas pero si notorias que, aunque suene cursi, le asentaban muy bien y la hacían lúgubremente hermosa, la melodía que entonaba aquella mujer la hacia ver aun mas hermosa, una canción llena de pena que realzaba la triste belleza de esa mujer que en algún momento fue uno de los seres mas hermosos sobre este país, e incluso sobre este planeta. Jumm… me estaba dejando llevar, ya había a muchas mujeres hermosas ¿Qué tenia ella que me hacia sentir un escalofrió? ¿Por qué a pesar de verse tan triste seguía viéndose tan bella?.

Sus labios formularon una interrogante que me dejo intrigado, ¿algo extraño? ¿Como convertirse en un lobo y salir a cazar? Era mas que obvio que no le iba a contar los sucesos “extraños2 que a veces sucedían conmigo, pero su pregunta seguía siendo interesante. En un bar a veces puedes llegar a ver cosas extrañas, como dos sujetos peleando por el favor de una de las damas de compañía, o un hombre de baja estatura dispuesto a embriagarse por que su mujer lo dejo por enano. Me acerque sutilmente a ella y apoye mis hombros en la barra mientras buscaba su mirada le respondí…


- Señorita, en este sitio siempre se ven cosas raras, es mas el dia de ayer tuve que sacar a la fuerza a un joven que había declarado su atracción hacia los hombres intentando besar a su mejor amigo.

Lanze una pequeña risa llena de sutilesa y gracia a la vez que movia la cabeza de izquierda a derecha muy lentamente en señal de negación, para finalmente decirle…

- Pero, ¿sabe que es mas extraño aun? Ver a una hermosa señorita bebiendo un trago de licor en un bar como este y disculpe mi atrevimiento pero, ¿debo suponer que espera a alguien?
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Re: Ahogando las penas con alcohol [Caleb Abastos]

Mensaje por Mylenka Ivanova el Dom Dic 23, 2012 8:16 am

Gota a gota las lágrimas del cielo resbalaban hasta la tierra, ¿Cuántas veces no me senté a verlas en compañía de mis padres, de mi esposo? Incontables. Su mano sobre la mía, cálida, envolviéndome y dándome la protección que necesitaba. El líquido preparado con amabilidad por el barman volvió a resbalar por mi garganta, lento y sinuoso. Tragué y miré hacia el frente con una sonrisa amarga. ¿Dónde estaba Dios? ¿Existía?

Negué con la cabeza al escuchar que sí había rarezas en el mundo, aunque eso ya lo sabía. Un amigo profesándole su amor al otro, qué susto se habrá llevado el primero. Una pequeña sonrisa socarrona y mis ojos se fijaron en la bebida que mi mano derecha sostenía. La pregunta que vino me obligó a tragar saliva. Pensé en ella, pero también en lo que implicaba. Recuerdos, memorias, historias. Abrí la boca para contestar, pero me temblaron los labios de una forma que me obligué a cerrarla de nuevo.

Solté un aire contenido, parpadeé con fuerza intentando alejar los demonios y las tristezas de mi mente, era una simple pregunta y yo misma me sorprendí por la violencia de mis recuerdos, su voz, su sonrisa. Sus palabras susurradas en mi oído cuando se despedía todas las mañanas, sus abrazos sorpresivos por las noches, aún obligándome a saltar del susto previo a él, le gustaba asustarme, incluso algún día llegué a reprenderlo por ello y aún así él se rió de mí contagiándome. Imposible estar enojada más de unos instantes, minutos siquiera.

Coloqué el codo en la barra y mis dedos índice y medio acariciaron mi frente húmeda, haciendo a un lado los cabellos, sonreí con sorna, me reí de mí misma. Negué conteniendo las lágrimas y me deshice de ellas con rapidez. Aspiré fuerte y de forma ruidosa, sintiendo cómo la asquerosa mucosidad se apoderaba de mí, dando indicios de que se avecinaba la lluvia, pero una que iba a manar de mis ojos.

- Quisiera esperar a alguien, sin importar el tiempo que me dejara sentada, pero con la seguridad de que volverá, pero ya no es posible - tomé el trago y lo bebí de golpe, gimiendo por la forma en que fui yo la que recibió la violenta sacudida.

Era fuerte a finales de cuentas si era tomado de una sola vez, sentí el subidón del alcohol, esa sensación deliciosa de calor que hacía tanto tiempo no sentía. Que ni mil mantas podrían proporcionarme. Sacudí un poco la cabeza y aspiré aire de nuevo haciendo una mueca. Y aún así sabía que ésta no era la solución para mis problemas. Mis dolores no se iban a ir bebiendo, todo lo contrario, pero desoí la voz que chillaba en mi oreja, alejándola y prometiéndome un "sólo por hoy".

- Déme otro, por favor. Es bastante patética mi forma de actuar, lo lamento. Me gustaría hablar de otro tema que no sea si espero o no a alguien, si tengo o no a alguien en mi vida - le miré al rostro, había una súplica en mis ojos que no podía omitir, le rogaba que... que... - Sólo quiero olvidar como todos, sólo deseo por un momento, por un día, fingir nada pasó.

Sí, era patética, de los pies a la cabeza. No podía más que echar fuera un suspiro y negar con la cabeza mirando el vaso en silencio, un cerrar de boca tras tanta súplica. Y recordé que nunca le había dicho a nadie lo acontecido, ni siquiera a los médicos que lo atendían. Sonreí de nuevo, burlándome de mí. ¿Cuándo me hice tan débil para no afrontar mis demonios?

- La única persona que podría sentarse a mi lado, contrajo nupcias conmigo un día como hoy, hace tantos años que no quiero recordar el número exacto. Y después de nuestras bodas, todo fue maravilloso. Él era una gran persona, el esposo que toda mujer quiere tener, me trataba como un ser humano, como una compañera, no como una posesión. Y durante un tiempo, todo fue para bien - jugueteé con el vaso antes de soltarlo sobre la pulida barra.

Busqué las palabras que no quería mi corazón soltar, que lo envolvían como una ortiga espinosa causándole constante daño. Sangrándolo. Asfixiándolo. Mis ojos observaron al barman y me encogí de hombros sin saber qué más decirle o cómo continuar. El calor en mi estómago empezó a desaparecer y quizá por mis propias actitudes el hombre no ha tomado mi vaso. Estábamos en un estira y afloja, le daba, le quitaba. Y él parecía interesarse en realidad en lo que le decía.

¿De verdad sería eso o sólo era una forma de matar el tiempo? Preguntas sin respuesta que en este momento no me interesaba desentrañar, sólo anhelaba un oído en el cual confesarme. ¿Qué no hacían todos lo mismo? Patética, era una mujer patética. Debía salir avante, pero la tristeza me consumía, me atrapaba. Y no encontraba la forma de salir.
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Re: Ahogando las penas con alcohol [Caleb Abastos]

Mensaje por Caleb Abastos el Mar Dic 25, 2012 12:21 pm

La mujer había dejado de cantar, y aquella hermosa joven en la barra aun mantenía esa penumbra y tristeza en su mirada y aunque me costara admitirlo me conmovía, causaba en mi algo que nunca había sentido, ¿Por qué? ¿Qué tenía aquella muchacha que me conmovía de aquella manera? No era un sentimiento de lastima ni de pena, era algo muy diferente. La joven se apoyo en la barra y mirándome intento pronunciar algunas palabras pero se detuvo en el acto, parecía que no podía mencionarlas, como si sus labios se rehusaran a hablar, como si a pesar de que ella quisiera gritarlo su cuerpo no se lo iba a permitir. Agaché la cabeza y sonreí ligeramente, después de todo yo soy un extraño y no tendría por qué compartir conmigo sus problemas.

Volví a levantar la mirada y vi el brillo en sus ojos, ese brillo que tienen las personas antes de dejar caer el penoso llanto por su rostro, después de eso hablo. Dijo algo que no comprendí en ese momento, al parecer ella quería esperar a alguien pero esta persona nunca iba a llegar, le iba a decir unas palabras pero su actitud en ese momento me enmudeció. Sin pensarlo dos veces la joven tomo lo que quedaba del trago de un sorbo, ese trago normalmente no debería marear a las personas, pero si uno lo toma así de rápido podría causar estragos en la persona y eso podría sucederle a aquella joven, su rostro manifestó el ardor que produjo aquella bebida en su interior y es que era normal, a pesar de ser un trago “suave” no se debía de tomar a esa velocidad.

La joven me pidió otro trago y no pude evitar arquear mis cejas sorpresivamente, sea quien sea aquella persona que no vendría le había hecho mucho daño y al igual que la mayoría de los clientes, esa joven solo quería olvidar y creía que el trago podría hacerlo por ella. Iba a coger el licor de almendras que se encontraba a mi derecha pero ella volvió a dirigirse a mí, “patética” así se describió para después disculparse, negué con la cabeza y cuando iba a decirle unas palabras la joven continuó con su plática. Era más que obvio que no quería hablar de aquella persona que no vendría, y al parecer mi “inoportuna” pregunta le había hecho recordar aquello, mientras que ella solo quería olvidar, aunque sea por un día quería olvidar.

El bar se sentía solo, desde que la joven empezó a hablar había olvidado por completo a los demás clientes y me había concentrado solamente en ella, no me había percatado de nada y sentía el bar vacio cuando en realidad casi todas las mesas estaban llenas. Para mi particular suerte ninguna persona, excepto la joven, se había acercado a la barra y el viejo se encontraba en su despacho haciendo “cuentas” con una de las damas de compañía. La joven volvió a hablar esta vez al parecer con la intención de confesarse y de contar algo que a mi parecer no muchas personas habían oído, me acerque lentamente para poderla escuchar con atención a la vez que dejaba el licor de almendras a un costado mío…


La única persona que podría sentarse a mi lado, contrajo nupcias conmigo un día como hoy, hace tantos años que no quiero recordar el número exacto. Y después de nuestras bodas, todo fue maravilloso. Él era una gran persona, el esposo que toda mujer quiere tener, me trataba como un ser humano, como una compañera, no como una posesión. Y durante un tiempo, todo fue para bien – era casada, debí de haberlo supuesto, una joven tan hermosa no podía ser soltera pero, ¿Por qué callo? ¿Qué le paso a su esposo que la tiene tan triste? ¿Murió, la engañó, que sucedió? Intente coger la copa para servirle otro trago pero parecía como si no lo quisiera, desistí de mi intento y busque su mirada para poder hablar con ella, esperando que esta vez no me frenara volviendo a hablar. Pase mi mano por mi barbilla acariciando fuertemente la sutil barba que me había dejado, volví a apoyar mis codos y la mire…

- No tiene por que continuar si no lo desea, nunca he estado casado y no podría decirle que la entiendo, pero si perdí a alguien muy importante para mí y tuve que alejarme de otra persona más importante aun. Debe ser difícil para usted aunque no conozca su historia por completo. – Le mostré una sonrisa sutil esperando que no se ofenda con mi comentario – Mi nombre es Caleb, Caleb Abastos y si usted me lo permite quisiera ayudarla a que su día de hoy sea diferente.
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Re: Ahogando las penas con alcohol [Caleb Abastos]

Mensaje por Mylenka Ivanova el Dom Dic 30, 2012 3:26 pm

No pensé que alguien fuera a escucharme, no creí que él, acostumbrado a estos desfiguros, se interesara realmente en lo que le estaba contando y no sólo eso, parecía compenetrado en mi historia y me confesó que no estaba casado, que había perdido a alguien importante. Me sorprendí realmente no por el hecho de que él tuviera una historia parecida a la mía, si no porque tenía la fuerza para contármelo, la serenidad. ¿Acaso existía una tienda donde se comprara? Si era así, necesitaba la dirección, quería ir de inmediato y gastarme todo mi dinero en ello.

Mis ojos se fijaron en los suyos, parecía tan noble, todo un caballero aunque me pregunté por instantes por qué no todos los hombres eran como él, como Joseph. Fruncí los labios y me encogí de hombros durante unos segundos aunque en mi mente se quedó grabado su nombre: Caleb Abastos. Era muy extraño el apellido, nunca oí de nadie con igual ascendencia. ¿De dónde sería originario? En ocasiones, el lugar de procedencia decía mucho de la persona que se tenía frente a uno.

- Mucho gusto, señor Abastos, mi nombre es Mylenka Ivanova... aunque no sé cómo hará para que mi día sea diferente - me daba mucha curiosidad, pero a pesar de ello él me daba cierta serenidad y confianza que no había sentido con otras personas. No logré el saber por qué, pero realmente no era algo que me preocupaba ahora mismo. Era tal mi necesidad de olvido, de buscar nuevos horizontes, que me decidí seguirle a donde él propusiera. ¿Que estaba mal? No, erróneo era estar estancada durante tanto tiempo, meses, años.

Anhelaba mi libertad, mi sonrisa, la alegría que llenaba mi cuerpo. La quería de regreso. Mis ojos continuaban fijos en los del hombre y ladeé la cabeza preguntándome qué era lo que tenía planeado para mí. Aunque si era otro trago no iba a rechazarlo, todo lo contrario. Sentía un calorcito rico en mi estómago, uno que no sentí antes, pero que era beneficioso. Mis tristezas tenían que irse, si él tenía la llave y la forma, ojalá pudiera dármela para encerrarlas y dejarlas atrás.

Mi mente se llenó de recuerdos, todos de Joseph y me pregunté si alguna vez lo olvidaría realmente. No creí que pudiera darse el caso, no porque no tuviera la fuerza, si no porque no deseaba mi corazón deshacerse de él. Era mi único y más grande amor, quizá algún día encontrara a otra persona, pero a pesar de ello, sabía que no lograría borrarlo de mi mente. Era como una cicatriz, no sanaba porque no le daba los paliativos adecuados, pero en cuanto estuviera desinfectada, entonces empezaría a cicatrizar.

¿Y quería que cicatrizara? Realmente no era una decisión de si quería o no, era un deber más allá de un placer. Por mi propia sanidad mental. Aunque me doliera más que nada en el mundo, aunque me destrozara y me creara un peso que no pudiera llevar en hombros por demasiado tiempo. Tenía que hacerlo, así que confiaría en Caleb, dejaría el día de hoy entre sus manos, no diría que "no" a nada. Deseaba tener la fuerza para ello, para enfrentarme a la realidad que se me presentaría.

- Bueno, creo que no importa qué tenga pensado. Confío en usted y diré que "sí" a todo, sólo por favor no abuse de mi confianza - rogué ansiando no haberme encontrado con un demente, con una persona que me hiciera más daño del que ya me había yo infringido.
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Re: Ahogando las penas con alcohol [Caleb Abastos]

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