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Georg Schleswig-Holstein [Rey de Grecia] [Garou] [APROBADO]

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Georg Schleswig-Holstein [Rey de Grecia] [Garou] [APROBADO]

Mensaje por Litterae Renascentes el Lun Sep 10, 2012 5:22 pm





Rey de Grecia
Georg Schleswig-Holstein



Pb o Avatar: Liam Neeson




Personalidad

Un buen hombre. Protege a su pueblo y a su familia, pero es firme en todas sus determinaciones y órdenes. No se caracteriza por tratar mal a los demás, todo lo contrario, lo que no significa que no tenga la fuerza para detener todo lo que pueda causar daño a los que quiere.

Como Rey, es benévolo, justo, imparcial. Un hombre equitativo, busca darle a cada quien lo que le corresponde, pero sobre todo busca que su pueblo tenga lo mejor. Ama a su esposa, a sus hijos. Sabe ser un gran amigo, una persona confiable, afable.

Excepto cuando su instinto lobuno le incita a matar. Durante el cambio la mente de Georg y su instinto hicieron corto circuito y no se entienden. Algunos dirían que hubo un desdoblamiento de personalidad, otros que sólo es una falta de sincronización. Lo único cierto es la desesperación del Rey cuando despierta cubierto en sangre que no es suya. Con el estómago lleno de, lo que sabe, no es alimento ordinario.

Resto de la personalidad, Historia: A la libre elección del user.



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Recuerda: Para tomar este Personaje Cannon, deberás realizar una audición de roleo.

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Re: Georg Schleswig-Holstein [Rey de Grecia] [Garou] [APROBADO]

Mensaje por Georg Schleswig-Holstein1 el Mar Dic 04, 2012 11:22 pm

«Comprendemos la naturaleza resistiéndola.»
---Gastón Bachelard


Las mañanas siempre eran lo más difícil, con el cuerpo lleno de sangre y cardenales, sin un solo recuerdo de lo que había pasado, mareado, atolondrado por golpes anónimos y los rayos del sol, la ropa hecha jirones y siempre pensando lo peor porque la realidad, su realidad no podía ser de otro modo, no cuando era un monstruo que simplemente no podía controlarse, incapaz del autocontrol al grado de tener que huir a la espesura del bosque para no herir a nadie. Y las aves cantando, y el río contra las rocas lisas y la brisa entre los árboles, una sinfonía silenciosa que lo despertaba esas mañanas en las que prefería no despertar jamás. Se puso de pie y se miró, más como un impulso que como un acto reflexivo, la sangre seca en su cuerpo era marrón, se pegaba a su piel y sintió el ardor de una herida profunda en el antebrazo izquierdo. Era zurdo aunque había aprendido a escribir con la derecha debido al mal augurio que significaba ser siniestro; era un corte, difícilmente se podía saber el origen, y era profundo, ya no sangraba y, se conocía, claro, sanaría en pocos días, sin embargo, necesitaba atenderse para que no se infectara y aquello pudiera ser peor. Recorrió el lugar con la mirada y pareció reconocer un sendero que comenzó a andar con la desnudez con la que se había despertado y más allá había una especie de cabaña a la que ingresó sin mayores contratiempos.

El lugar era acogedor, aunque no había muchas cosas, sólo una cama tendida con pulcritud, un armario sencillo, macizo, de madera obscura y viejo, una alfombra blanca de algún curtido de animal, una silla desgastada y víveres, no muchos, los suficientes. Su mirada aterrizó precisamente en la comida, caminó hasta ahí con largas zancadas, bebió agua como si se tratara de un hombre que hubiese estado recorriendo el desierto por varios días y varias noches y luego engulló casi sin masticar pan dulce sentado en la solitaria silla. La luz de la mañana se colaba por un ojo de buey sobre la cama y una ventana junto a la silla. Sólo se escuchaba el sonido de sus mordiscos desesperados y cuando se sació fue al armario, finalmente se puso ropa encima, aunque dejó el torso desnudo. De un rincón de aquel ropero sacó alcohol, algodón y vendas. Se sentó en el suelo y comenzó a retirar la tierra, hojas y ramitas pegadas a la herida por el sudor y la sangre, el dolor era relativo para un ser como él, así que aquello no era verdaderamente significativo, luego roció alcohol en un trozo de algodón, aquí vino un ardor obvio, pero estaba acostumbrado y una vez que estuvo limpio, se vendó con las limitantes de sólo poder hacerlo con la mano diestra, al final logrando una curación más que aceptable; tenía demasiada práctica para su desgracia. Después de eso se puso una camisa blanca y completó el traje que lucía más que formal, exageradamente formal, se lavó la cara con el agua que no bebió y de donde sacó las vedas antes, ahora extrajo una loción que roció en su persona. Al interior del armario había un espejo y se miró en él. No parecía el mismo hombre que horas antes había despertado en medio del bosque lleno de sangre y mugre. Suspiró ante su reflejo, sacó el pecho y miró sobre su hombro, la luz que se colaba se movía por el suelo lentamente, reptando por la madera del piso, indicando que el tiempo avanzaba, apremiaba y él quiso quedarse ahí, descansar, no saber del mundo, pero sabía que no tenía opciones. Debía salir y regresar.

Se apresuró a caminar de nuevo aquel sendero, sus pasos esta vez fueron resueltos, más seguros, su mirada era fija, tenía un destino bien definido en la cabeza y se notaba en su mirada. No había tiempo que perder, él menos que nadie tenía tiempo para perder y mal gastar. Sus ojos reflejaban un agotamiento más allá de lo físico, pero también decisión, certidumbre que es rara incluso en el más arrogante de los hombres, y un aura de bondad que no podía con ella aunque quisiera. Lucía exhausto pero no dispuesto a rendirse cualquiera que fuese la batalla interna que estuviese librando. Poco a poco el bosque fue sustituido por edificios, la tierra y fango de los caminos por calles empedradas de la blanca Atenas, y la gente no podía quitarle los ojos de encima, no porque fuese un hombre poseedor de una belleza extraordinaria, sino porque ahí caminando, como un ciudadano cualquiera iba el Rey de los Helenos. Era común verlo cercano al pueblo, salir sin mayor seguridad, pero no dejaba de ser un invasor a una realidad que no le correspondía, sin embargo, esa mañana no tenía tiempo de reflexionar en ello; siguió caminando el línea recta hasta plantarse frente al palacio en el corazón de la ciudad. Lo miró y aunque vivía ahí, le parecía enorme; en cuanto a dimensiones no era más grande que el palacio en el que había nacido en Copenhague, pero en significación, por supuesto que este era mil veces más grande, más duro, más cruel.

Al entrar los sirvientes hicieron protocolarias reverencias, mismas que el respondió con educación, pero su semblante desde que había dejado el bosque hasta ese punto se había vuelto más ansioso, más inquieto y se quedó en el recibidor del palacio, frente a las escaleras, esperando algo, o esperando nada. Un sirviente se acercó a él, le dijo que ya lo estaban esperando y sólo asintió para luego agradecer el gesto de notificarlo de aquello, sin embargo, no se movió, sólo que quedó ahí parado, aunque parecía que podía salir corriendo en cualquier momento.

Alzó el rostro y sus ojos se posaron en la figura que descendía la escalinata principal, vestida con relativa sencillez y con una abrumadora belleza que aún, después de los años, no lograba comprender, que le parecía irreal, imposible, perfecta. Era ella, era Olga, su esposa y su razón, su cordura, el ángel vindicador que sanaba sus heridas, dio un paso o dos, cuando estaba con ella siempre se comportaba como si la estuviese cortejando, como si se quisiera ganar su corazón, como si no lo tuviese ya en sus manos como ella tenía el de él. Se acercó y la tomó de las manos, le sonrió y al mirarla a los ojos todo cobraba sentido, todo tenía motivación y luz, y los pensamientos insanos y tristes de la mañana de desvanecían con pasmosa facilidad. Con una sola mirada.

-Sólo necesitaba verte –su voz sonó ronca, después de no haberla usado por varias horas, se notó afectada, pero firme y su sonrisa jamás se borró, una sonrisa sincera y que, además, sólo dedicaba a ella-, me están esperando, pero no podía irme sin antes… -fue a decir algo más pero calló, en cambio, acortó aún más la distancia entre ambos, la abrazó por la cintura, la llevó contra su cuerpo y la besó en los labios como si fuese la primera vez que la besaba, con ternura y arrojo, con cadencia y algo de timidez. No era común que miembros de la aristocracia demostraran su afecto de ese modo frente a ojos curiosos como los de los sirvientes, pero tampoco era común que un danés gobernara sobre los helenos, que dos monarcas se hubiesen casado por verdadero amor y no imposición familiar, que el rey tuviera una cabaña en el bosque que le servía de refugio durante sus transformaciones, que anduviera por la ciudad sin guardias a su alrededor; nada de eso era común. Porque ellos no eran comunes.

Al separarse, ella tocó su antebrazo herido y el frunció el entrecejo, más preocupado por ella que por la laceración. Tensó las mandíbulas.

-No es nada, estaré bien –aseguró y se separó aunque al alejarse de inmediato su cuerpo comenzó a extrañar el ajeno-. Debo irme ya, espero esta reunión no se prolongue demasiado… necesito descansar –y diciendo aquello, tomó la mano de su esposa, la besó con caballerosidad y se marchó palacio adentro, desapareciendo en el juego de puertas, obras de arte y ventanas.
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Georg Schleswig-Holstein1

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Re: Georg Schleswig-Holstein [Rey de Grecia] [Garou] [APROBADO]

Mensaje por Administración el Miér Dic 05, 2012 12:11 am

BIENVENIDO (A)
AHORA PODRÁS REALIZAR LA HOJA DE PERSONAJE.
ENHORABUENA

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Re: Georg Schleswig-Holstein [Rey de Grecia] [Garou] [APROBADO]

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