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Muerte ✖ Dante Holstein-Gottorp

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Muerte ✖ Dante Holstein-Gottorp

Mensaje por Jessie Rivens el Dom Dic 09, 2012 3:40 pm

"La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene."



- ¡Corre maldita sea, corre como nunca antes! -

Fizz jamás se había proyectado tan exaltado, tanto así que Vayne siquiera se atrevió a oponerse a su pedido. Mis pies se movían incesablemente, no era para menos, estaba corriendo por mi vida… Por nuestras vidas.

Zed amaba las cacerías, sus ojos gustaban de observar como los humanos podían creerse capaces hasta cierto punto de alcanzar las habilidades y destrezas propias de un no-vivo. La disyuntiva, la rajadura del asunto aparecía cuando su voz se apagaba y solamente quedábamos Vayne, Fizz y yo para arreglárnosla con las numerosas persecuciones de las que habíamos sido parte. La Camarilla solicitaba a sus hijos mezclarse con las sociedades, nosotros en algunas ocasiones nos imponíamos el resaltar hasta el punto de ser correteados por un enjambre de cristianos ridículos con antorchas de fuego. Todo el revuelo terminaba siendo como una fresca reminiscencia de los días de infancia mortal, de juegos por la pradera y escondidillas ingeniosas. Pero esta jornada era diferente a todas… No estábamos escapando de una horda de humanos cualquiera. Los hijos de puta estaban entrenados por alguien ¿Inquisidores tal vez? ¿Alados arribados a la Tierra desde el Cielo buscando un batallón que aplaque el desequilibrio de las razas? Tenían balas, flechas y otros artefactos. La velocidad de un cuerpo entrenado, sometido al esfuerzo psíquico y físico como para jamás pensar en abandonar la carrera. Frialdad suficiente para olvidar que podrían perder la vida en cualquier momento.

- ¡Maldita seas Vayne! -

Un movimiento brusco de la mano y ya tenía una cabeza humana arrancada cuan hortaliza del suelo en su posesión. No pudimos evitarlo y la sonrisa más perversa se dibujo en nuestros rostros mientras saboreábamos los restos de sangre fresca que goteaban de aquella mano homicida. Las papilas de la lengua podían sentir la adrenalina del líquido carmesí que seguramente recorría el sistema de aquel inepto cazador. Uno menos, el que más se había acercado a nosotros.

Detuve mi andar, ya estábamos a salvo.

Los bosques suecos habían terminado por ser todo un refugio a la noche; tupidos y acobijados en una niebla densa que se tornaba toda una trampa para los humanos indefensos, para aquellas horas completamente alejados de tales terrenos, posiblemente con el gusto amargo de no haber podido atrapar a su presa. Tal vez en otra ocasión… ¡Al carajo! Jamás podrían con nosotros.
Mi cabello se meció por el soplar del aire, peor no fue eso lo que llamó mi atención. Zed abrió sus ojos y sin pensarlo dos veces me advirtió que alguien estaba con nosotros. Menudos cojones el maldito que se encontraba vigilándonos aun, en el medio de la nada y creyendo que no haríamos nada al respecto. Vayne remordía mis labios, solicitaba ser liberada. Era el tiempo de su añorado recreo. Opté por retenerla unos instantes, en el peor de los casos eso fomentaría más aun su rabia y el desenlace para con quien nos estuviese espiando seria devastador.

Los juegos pueden darse de tantas formas…

- Te recomiendo salgas de tu guarida, si llegaste hasta aquí bien sabes que percibirte no es algo que nos cueste demasiado - la eternidad, regalo que ofrece entre otras tantas cosas la capacidad de saberlo todo, o por lo menos de hacerle creer a otros que todo lo sabemos.
Quería verle el rostro, quería conocerle y ciertamente Zed también. Una especie de admiración se había despertado en el más silencioso de nosotros por el mero hecho de verse sorprendido ante la valentía de otro ser al perseguirnos con tanto ahínco. Zed sabía que él nos quería matar, por eso estaba allí, por eso había llegado tan lejos. Él no podía irse con las manos vacías. Nosotros simplemente no podíamos dejarle ir. Aquí ya no existía fortuna, sino la convicción de dos partes en alcanzar objetivos diferentes y mortíferos para su antagonista.


✖ Aclaraciones de texto:
Jessie
Vayne
Fizz
Zed


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Re: Muerte ✖ Dante Holstein-Gottorp

Mensaje por Litterae Renascentes el Miér Dic 12, 2012 6:06 pm

Viento, se lleva consigo todas las dudas que la mente del Exaltado produce con esfuerzo. ¿Retirada? No hay lugar para un pensamiento de esa índole. Las más grandes hazañas se han realizado con menos oportunidades de triunfo, así que el gobernante se afana en seguir los pasos de aquélla que está causando estragos entre la población mortal de su país. De su ciudad. De su bosque. Su propiedad, una en la que otro ente sobrenatural no tiene lugar. El olor a sangre que la vampiresa emana y deja atrás es fácilmente captado por el hombre quien procura en todo momento no hacer ruido, conservar entre sus manos el hacha que acostumbra utilizar conforme su naturaleza vikinga. Pesada, con filo de plata. Perfecta para golpear a los garous como a los propios shifters. Contra un vampiro el baño argentado no tiene ventaja, pero un corte es eso: una oportunidad de debilitar y llevar a cabo el siguiente acto para al final, llevarse entre las manos la cabeza de aquél que se atrevió a llegar tan lejos. Corrección, aquélla. El aire arrastra la hojarasca, están en el otoño donde se engalanan los árboles con tonos naranjas, marrones y empieza todo a morir lento, pero con la esperanza de renacer, pero ese halo sagrado es manchado por la sangre. La vampiresa que persigue es más hábil de lo que pensaba, ha logrado arrancar la cabeza de otro cazador a quien por la distancia no puede reconocer. Y realmente no es que le cause curiosidad. Sabe que su hermana se encuentra segura entre las paredes del palacio, es el único ser por quien el Rey daría su propia vida y perdería el control de sus acciones. Sus manos tiemblan de la tensión de dar el primer golpe, sus músculos están tan tirantes que un solo movimiento en falso producirá un sonido que se oirá a millas de distancia de tan fino que es el oído de su rival. Pies enfundados en botas pesadas, pero reforzadas con puntas de plata se mueven con cuidado, en total sigilo a pesar de su figura enorme, mimetizándose con el follaje del mismo color del cubretodo, esa tela sobre su figura hasta los tobillos y que le da una oportunidad de pasar desapercibido. Un paso en falso será contraproducente. No despega la mirada de su objetivo, agazapándose para tomar el arco y tensarlo, con plena intención de estacarla. Si logra meterla en letargo, será más fácil decapitarla.

Y es esa vampiresa quien llena sus oídos con su voz, una que podría ser dulce para otros, pero que para el Exaltado es como el sonido de un violín mal afinado. Esas palabras le tensan la mandíbula y aún así su voz ronca es audible con dificultad para los humanos, pero no para esa sobrenatural. - Förbanna - aunque la sonrisa se forma en su rostro. Increíble que una mujer tenga tal afinidad con su entorno, aunque no le durará mucho. Parte de las palabras son analizadas por Dante quien nota que habla en plural. ¿Otro vampiro? Su mirada analiza el entorno sin que la cabeza se mueva demasiado. ¿Comunicados quizá por esa leyenda de la telepatía? ¿De verdad existe? Ha conocido a muchos chupasangre, pero nunca tuvo la oportunidad de comprobar si es cierto que los vampiros hablan en la mente. Hasta el momento, ninguno lo ha hecho. Quizá sea otra patraña, como la de que mueren si se les da a comer ajos o que no pueden entrar a los hogares si no están invitados. Esa última mentira casi le cuesta la vida a Dante, así que ha optado por no ser tan crédulo y mantener la mente abierta. Y aún así, tiene sus grandes dudas. La mira de pie, tranquila, pero sabe que es una fachada. Sus orbes vuelven a recorrer el terreno, sin que logre captar a un acompañante. Vuelve a maldecir en sueco, pero ahora en su mente. ¿Qué hacer? Descubrirse puede ser mortal, pero no hacerlo también. Tiene que eliminar a uno de los dos, al mismo tiempo debe obligar al otro a aparecerse. El tiempo se le termina y sabe que las dudas deben eliminarse. El arco se tensa y las primeras dos flechas salen de éste con facilidad pasmosa hacia la mujer, a quien Dante desestima pensando que no es la más fuerte de ambos vástagos. Odia su inexperiencia en esa arma de largo alcance, pero es sólo el inicio. Los músculos se preparan para actuar en consecuencia, su mano hormiguea al decidir en echar a un lado el arco y sacar el hacha para tener una más amplia cobertura.

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Re: Muerte ✖ Dante Holstein-Gottorp

Mensaje por Jessie Rivens el Vie Ene 04, 2013 7:18 pm

"Sin padres, sin infancia, sin pasado alguno, no nos queda otra posibilidad que afrontar lo que somos, el relato que llevamos para siempre. "




Nunca supe mucho de Zed salvo lo que él mismo me permitía entrever muy de vez en cuando, en momentos donde la paz y la relajación existían por completo, implicando eso que Vayne estuviese saciada absolutamente por unos días de sus retorcidas ideas.
Tenía entendido que en su época dorada había sido un gran luchador, de ideas y convicciones férreas que defendía a capa y espada en honor a su familia y al grupo nómada que le seguía de un lado a otro en búsqueda de un futuro mejor. El más inteligente de nuestro grupo había sido el más sabio de su tropa también. Ofrecía consejos a los más jóvenes y guiaba a los nuevos en la integración con otros. Los años hicieron a Zed una especie de Oráculo, de voz guía para una pequeña sociedad que subía y bajaba montañas constantemente. Hasta sus últimos días sus ojos se fijaban cada mañana en el horizonte, donde el Sol nacía una y otra vez, y en esos pequeños susurros de viento matinal una nueva lección llegaba a su mente y otra a su corazón. Él creía que los primeros rayos solares que golpeaban su cara hacían que aquellos dos aprendizajes coalicionaran en su interior, fusionándose en un todo mucho más beneficioso.
Pese a que su sabiduría aún sigue allí, en él y a su vez en todos nosotros sé que nada en esta eternidad le brindará nuevamente lo que el Sol le entregaba a Zed por las mañanas… El Sol ya no puede ser su amigo.



Sentimos el sonido producido por el balanceo del péndulo, mismo que nos indicaba el trascurso de una fracción mínima de tiempo; un segundo. Tiempo suficiente para pestañar, sonreír o despojar el último aliento de vida. La tierra húmeda y negruzca del bosque apenas sintió aquel movimiento que no levanto siquiera una mínima partícula de polvo. El viento se cortó en dos, abriéndole paso a las dos afiladas y apresuradas flechas que despojando un sonido seco y preciso se incrustaron en el tronco de un árbol que en silencio ahora lloraba, derramando unas gotas de espesa resina transparente e inodora. Un segundo había bastado en nuestras mentes para captar los dos proyectiles con su dirección y velocidades. Un segundo fugaz y certero nos movió a un lado para ver pasar frente a nosotros el par de dardos mortales [Habilidad usada: Potencia] y sonreír por su iluso intento de dar con nosotros, de tomarnos como un blanco sencillo e inmovible.

Seguir las ideas de Vayne a tal altura significaría lanzarnos sobre el francotirador y desollarlo de pies a cabeza para hacer un hermoso abrigo de piel escandinava. Pero en nuestras manos estaba la chance, la exquisita oportunidad de disfrutar el momento un momento más. Un instante… Otro segundo dentro de nuestra inmensa atemporalidad.
- No volveremos a repetir lo dicho, muéstrese o le obligaremos a hacerlo - Zed guiaba la batuta para esos momentos donde mis ojos trataban de “mirar sin mirar”, captar imágenes del entorno sin aparentar hacerlo. Mi mente carraspeaba de lado a lado en búsqueda de una respuesta que esclareciera el por qué Zed se habia interesado tanto en aquel desconocido ¿Por qué se sentía envuelto por aquella ajena valentía? ¿Recuerdos de sus días como guerrero? Me rasqué la comisura derecha de los labios, dudosa y sin respuestas.

El viento movía lentamente los cúmulos blanquecinos de la niebla nocturna. Los pies lentamente se hundían en la tierra húmeda, dejaban su huella de presencia en aquellos lares que tanto entretenimiento nos habían ofrecido. Vayne presionaba sus labios para no maldecir a nadie. Zed me obligo a cruzarme de brazos, a reflejarme como alguien sereno y expectante. Él deseaba dialogar y el resto de nosotros no entendía de qué. El hijo de puta nos había seguido y ahora trataba de matarnos ¿Por qué hablarle? Mejor sería arrancarle la lengua en un apasionado beso, o en una mortífera suplicaba. Pero no podíamos simplemente porque Zed jamás no los permitiría… No por ahora.

La invitación sonaba hasta cordial. Ven con nosotros, déjate llevar un instante por aquello que jamás has conocido… Y muere por el más bajo sentimiento de curiosidad.



✖ Aclaraciones de texto:
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Zed


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Re: Muerte ✖ Dante Holstein-Gottorp

Mensaje por Litterae Renascentes el Dom Ene 20, 2013 9:15 pm

Un vampiro es en todo momento un ente lleno de misterio y una inexplicable aura que intriga y provoca sacar la cabeza del refugio para mirarlo a hurtadillas. No en el caso del vikingo que ahora sostiene el hacha con unas arrugas formándose alrededor de sus ojos, molesto no es la palabra que define a la perfección los sentimientos del hombre que ha visto cómo sus flechas han sido brutalmente esquivadas con una pasmosa facilidad. Frustración aunada de un encaprichamiento temerario podría ser la respuesta, pero tampoco son los que denotarían la verdadera esencia. Muy en lo profundo, en un lugar donde la roca que es su cuerpo está llena de magma caliente y donde puede darse un espacio para relajarse, es ahí donde flotan algunas pequeñas esferas que denotan la verdad de sus pensamientos. Hay admiración y preocupación por tan increíble defensa. ¿Debería preocuparse ya por lo acontecido? No. Fortuna o desgracia, no sabría dónde encasillarla porque él no puede dar un paso atrás. Su objetivo está ante él y le invita a salir a la luz. A mostrarse, pero hacerlo implicará demostrar su posición, si no es que ambos proyectiles ya lo hicieron notar. Las mandíbulas se tensan tanto como las propias manos contra el mango de madera del hacha que aún permanece oculta en la parte baja y en un ángulo perfecto para dar un golpe que podría aturdir al mismo Hércules. Su lengua pasa por sus dientes frontales llegando hasta las muelas en tanto su mente calcula qué hacer. Otra flecha sería inútil y no es el momento para darle ventaja. Salir de su escondite mucho menos. No debe saber los artilugios que tiene como armas y que se vislumbran sobre su atuendo. Ha salido dispuesto a llevarse una presa y no cesará en su empeño hasta que tenga las cenizas de aquélla que ha llevado al panteón a más de una persona. Odia a todos aquéllos que se creen superiores sólo por el hecho de tener mayor poder que los humanos. Igual a los que piensan que sus fechorías no tendrán un castigo, que no existe una persona que pueda hacerles sentir el dolor que infringen con sus actos. El Monarca ha aprendido demasiado a lo largo del tiempo sobre éstos sobrenaturales que puede saber dónde golpear para hacerlos aullar de dolor. Nunca un golpe es demasiado fuerte, todo lo contrario. Así como ellos dejan caer con violencia sus puños contra los indefensos, el hacha que carga entre las manos ha rebanado más cuellos que troncos en invierno. Ojo por ojo y diente por diente dice la Ley y Dante la sigue a rajatabla. Mil veces maldecidos por los hombres, perseguidos todos aquéllos que en su territorio entren.

Además, darles una oportunidad es cavar su propia tumba. Lo ha experimentado antes y el viento le lleva hasta las fosas nasales el olor de la sangre que empieza a coagularse haciéndole recordar la suerte del otro cazador. Imposible dar tregua alguna. Mueve la cabeza hacia la derecha aprovechando el aullar del viento con la intención de que sus nervios se reacomoden con un sonido seco. Se coloca de espaldas contra el grueso tronco del árbol contra el que se oculta para mirar por encima del hombro ajustando sus manos contra el asidero del arma. Una más apegada al mango, la otra hacia la hoja. Sus músculos se tensan y logra sentir dicha rigidez hasta sus hombros. Sus ojos vuelven a mirar a su alrededor sin detectar ninguna otra presencia que no sea la vampiresa que está a unos pasos de él. Decide que sea la sobrenatural quien le obligue a mostrarse para tener oportunidad de reaccionar y por lo menos herir a ambos en caso de que ataquen en conjunto. Su cabeza se eleva para descartar que el otro esté arriba de él, sobre los grandes árboles. No, no hay nadie. Por dentro ruega porque el acto de forzarlo a salir no sea como aquélla vez en París. Aún no entiende cómo fue que le controlaron para que no sólo soltara el hacha, si no que se hincara ante el vampiro que ante él se mostraba. De no ser porque alguien más apareció, ahora mismo Dante estaría muerto. Un desliz que no volverá a cometer. "Vamos, impaciéntate, dame la oportunidad, sólo necesito una" piensa al tiempo que se prepara. Está listo para cualquier eventualidad, no está dispuesto a ceder un solo centímetro a pesar de que la vampiresa intente amedrentarle. Ha sido juez, jurado y verdugo de muchos de los de su especie y la invitación a su persona no es más que un cliché. Una forma de mostrar la "inocencia" de la que hace ya tantos años han perdido. Una muestra más de cuán peligrosos son. De seguro que si acepta, ella se le echará encima con los colmillos y garras desenfundados en pos del preciado líquido que necesita para sobrevivir. No, se ha encontrado a un Exaltado muy diferente a los que antes ha conocido. No caerá en esos trucos y mucho menos permitirá que le amenacen en su propio territorio. Se defenderá a capa y espada, con toda la fuerza de la que su cuerpo es capaz, pero la sobrenatural no obtendrá de él un solo mohín de obediencia y sumisión. Un vampiro es un ser que en todo momento y lugar está acostumbrado a obtener lo que se propone. Como un pequeño infante consentido por sus padres, cuyas rabietas son letales. Veamos qué tan berrinchuda es esta vampiresa. Veamos qué tanto puede controlarla.

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Re: Muerte ✖ Dante Holstein-Gottorp

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