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Anónimo [Libre]

Mensaje por Juliet Benavente-Borgia el Dom Dic 30, 2012 4:14 pm

Cuando el río suena, es que agua lleva.

Athenas, una ciudad interesante, pero no exenta de diversos acontecimientos que llevaban a la Oficiante hasta el centro de la polis. Negocios en los que su padre obtuviera mayores beneficios que pérdidas por lo que debían ser cerrados personalmente para evitar "malos entendidos" y que se tuviera la perfecta noción de que el único y mayor beneficiado sería el Sumo Sacerdote. Persecuciones de sobrenaturales que tenían que terminar de una forma impoluta, donde se tuviera un resumen de lo acontecido lo más fiel posible para engrosar los archivos del Santo Oficio sin importar las heridas que la shifter sufriera al final de la cacería. Esos eran datos innecesarios, poco interesantes. Por lo que los paliativos tenían que ser prodigados con mayor cuidado, siempre a escondidas de sus congéneres. Como alguien supiera que la hija del Papa era una sobrenatural, pocos entenderían o analizarían el hecho de que ella fuera una de las más letales Oficiantes, sólo importaría la forma de matarla y la estrategia para que no escapara de su destino.

Y también estaba el visitar a los informantes para darles ciertas gratificaciones con tal de que siguieran manteniendo actualizados a los Oficiantes que pasaban por ahí y sobre todo, los que radicaban en la polis. Procurando que estuvieran satisfechos con pocas cantidades y haciéndoles ver que si algo se les complicaba tenían las formas de solucionarlo o de pedir ayuda. Líneas seguras, les llamaban y siempre estarían a su disposición. Encontrar a personas empapadas en asuntos sobrenaturales era difícil. Algunos de ellos eran miembros de otras razas que buscaban venganza o bien, estaban tan amenazados que no tenían más opción que traicionar a sus congéneres. Y qué decir que si uno moría, entrenar a otro era más que complicado y encontrarse con uno que quisiera "cooperar" mil veces peor. No, por eso les cuidaban mucho, como si fueran los gansos de los huevos de oro. Gracias a ellos muchos Oficiantes seguían vivos, otros lograban escapar de las redadas que los malditos por Dios hacían de vez en cuando. Por eso era que se les redituaba su labor de forma económica o incluso, a veces con medicamentos para evitar la muerte.

Esa noche, la luna estaba en todo lo alto. Juliet agradecía por un lado que los garous no estuvieran influenciados por el astro argentado porque podía disfrutar del espectáculo que brindaba. Caminó con pasos lentos y se tronó el cuello con un sonido seco, necesitaba descansar, tomar algo para relajarse y luego de ello, ir a la cama a dormir. Sus pasos la llevaron hasta una cantina y alzó una ceja, sonrió entrando al lugar a sabiendas de que su presencia pondría inquietos a varios clientes por sus ropas: netamente las de una dama de la alta sociedad, pero sobre todo porque era inusual que alguien así visitara el tugurio. Fue a sentarse en una mesa cercana a la puerta y pidió un vino tinto Lombardi. No sabía desde cuándo era aficionada a él, quizá cuando su padre le obsequió una botella hacía tantos ayeres. Se recargó contra el respaldo de la silla y miró al frente, sin fijarse demasiado en los rostros que estaban ahí. No lo necesitaba, su mente los catalogaba con rapidez, deshaciéndose de los que no recordaba como sobrenaturales. Para su fortuna, no parecía haber ninguno. Recibió la botella y una copa limpia, asintió y agradeció en tanto se servía la primera.

- Salud - dijo en voz baja para beber el primer trago. Era delicioso, sentía cómo todos sus nervios se relajaban lentamente y con el recipiente en la mano, observó contra la luz el líquido rojizo pensativa. Aún tenía dos días más que pasar en la ciudad y ya estaba deseando largarse de ahí. Quería ir al Vaticano y darle a su padre toda la información que había recabado. Necesitaba ir a su cama y dormir plácidamente durante dos días, aunque conociendo a Moisés, no descansaría ni seis horas cuando ya la estaría llamando para darle otra misión. Gajes de ser la hija del hijo de puta.

Juliet Benavente-Borgia
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Re: Anónimo [Libre]

Mensaje por Natasha A. Korsakov el Lun Ene 07, 2013 11:05 pm

Escapar, correr, esconderse, saltar, asesinar, morir, sobrevivir. Eran las opciones que tenía desde hace años, ninguna era realmente buena salvo la última, quería tantas cosas y podría tomar pocas. Pero yo manejaba lo que quisiera hacer de mi media vida, había pasado por varios lugares, pretendía regresar a Londres, no había ido demasiado lejos de allí pero me mantenía en constante movimiento. Era curioso lo que aprendías atreves de los años, estaba cerca de algo que llamaban Grecia, sabía que debía alejarme de esa parte del mundo pero, que podía hacer en estos momentos. Mi sentido de la orientación así como mi sentido común a veces salían a pasear y no me invitaban.

Pronto se cumpliría mi plazo y debía beber de algún mortal, los caminos que frecuentaban estaban solos, así lo prefería no quería ser notada hasta que me sintiera segura, pasar desapercibida era mi trabajo y me fascinaba, desde que escape me he preguntado qué pasaría si los vampiros viejos me encontraban, en teoría no partencia a ningún clan, aunque había nacido en la sombra, había desertado, ¿en qué me convertía eso? Tengo alma errante, lo he descubierto en estos pocos años, no permanezco en el mismo lugar más de cinco años. No hago amistades, trabajo de lo que puedo. Intento aprender lo que puedo, las mañanas son malas para mí, escondida en lo peor de las ciudades. Esta noche aun es larga, tengo tiempo para alimentarme y encontrar refugio para pasar el día. Una habitación quizás y tapizarla con lo que encuentre.

Traía algunos peniques para un lugar de mala muerte, quizás cometa un asalto antes de encontrar dicha pensión, es ahora cuando me muevo a los caminos principales, necesitaba un viajero solitario. Había valientes que se arriesgaban a pesar de los rumores y si algo sabia era que en todos lugares siempre había rumores. Y valientes dispuestos a probarlos. Escondida entre las sombras de los arboles esperaba a mi cena. Pasaron caravanas no me interesaban, parejas, caballeros con sus sirvientes. Cuando empezaba a aburrirme vi a un hombre solitario. Aun estaba a varios metros, me permitiría hacer mi jugada. Lo espere y cuando cruzaba por mi árbol Salí corriendo tropezando con él. —Lo siento, caballero. —las caras bonitas siempre hacen cosas raras con los hombres. —Me persiguen….han asaltado mi carruaje. —la historia trágica de mi vida. Que curiosamente no era mentira. Había sucedido pero no cerca de aquí y hace más de tres décadas. —Ayudadme—pedía lastimosa, me pregunto porque me gustan estos juegos.

El chico se ha acercado a levantarme, su mirada es de lujuria si fuera simple humana es posible que por la mañana amaneciera muerta, lástima que otro seria el que saliera herido, odiaba o tal vez tenia manías con los hombres que buscaban aprovecharse de las mujeres. Acepte su ayuda, el me guio a “terrenos seguros” y fue que mostro su verdadera cara. Sonreí, antes de cambiar los papeles y ser yo quien le mostrara lo que era. Hubo pánico, miedo y suplicas, no mataba a menos que fuera necesario, así que no lo asesine solo bebí hasta saciarme, hasta decir basta. La bestia en mi interior estaba calmada. La sensación de la sangre bajando por mi garganta, era magnifica, la vida que robaba era completamente apetecible. A veces aun quería más y mas, controlarme era difícil, pero lo conseguía recordándome que llamar la atención lo traería a él. Y eso sería mi perdición. Mire al hombre que me había servido, antes de sonreírle y golpearlo hasta que se desmayo. Mañana diría estupideces a ojos de los demás nadie le creería a menos que fueran fanáticos. Lo deje escondido y cogí las monedas que pudiera trae con él.

Me ajuste mi[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] antes de seguir con mi camino. Seguí el camino que habían cogido los demás viajeros. Más adelante habría algún lugar donde pasar la noche. No conocía nada, los demás hace rato me habían pasado pero no correría detrás de ellos. Cuando llego a un poblado, por así llamarlo busque una cantina. Era el lugar más propicio para preguntar entre tanto borracho nadie se acordaría de mi, por aquí saliera del establecimiento. Cuando entre, procure que mi capucha me tapara la cara. Y camine hacia la barra. No todos eran humanos, había uno que destacaba por su olor. Aun no soy buena distinguiendo especies, trabajo en ello. Aunque para ser sincera no había olido nada como él/ella. No le daría importancia. Siempre he creído que si no me meto con ningún ser sobrenatural, ellos no se meterán conmigo.

Me siento y el cantinero me mira. Quizás cuestionando si cargo suficiente para pagar las bebidas de tercera que ofrece, bueno no es como si hubiera probado alcohol de calidad, así que decir que su bebida es de tercera cuando no la he comparado con algo mejor es tonto. Solo pido un vaso de ron. Me lo da de mala gana, pero me lo da. Ahora escuchar conversaciones de alcoholizados, hasta que pueda encontrar a uno lo suficiente perdido para que me diga donde estoy parada.

Natasha A. Korsakov
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Re: Anónimo [Libre]

Mensaje por Juliet Benavente-Borgia el Jue Ene 24, 2013 7:44 am

Finge que no eres a quien busco.

Estrellas dibujadas en el contenido del vaso. No había nada interesante en el lugar que había elegido para relajarse. Ni siquiera una figura que le mirara feo para que la Shifter se considerara ofendida. Necesitaba una razón para atacar, hacerlo sin ella era una llamada directa para que el Sumo Sacerdote la castigara a ella. Se mordió el labio inferior pensativa. Sus recuerdos volvieron a la hermana gemela que vivía en España, en una hermosa casa en Valencia. ¿Cuándo tendría el valor para acercarse a ella? Quizá nunca. Y ese pensamiento la obligó a tomar un largo trago de la copa de vino. Era una perra con todos aquéllos que la provocaban, toda una fiera con los garous, pero en cuanto a su vida privada, era sólo una pequeña minina.

No podía encarar a Moisés, ni siquiera podía alzarle la voz. La tenía bajo su bota, en su yugo y eso la erizaba más que nada en el mundo. No podía ir a con su familia a pesar de tenerla ya reconocida. Hacerlo podría significar la muerte de todos a manos de los Verdugos que su "padre" había contratado para mantenerla a raya. Todo perfectamente orquestado, digno de la máxima autoridad del Vaticano. Jamás se le iba algo de las manos. Nunca. Hizo una mueca, pronto tendría que regresar y sabía por algunas fuentes que la iba a enviar a roer un hueso muy duro, el dueño de los viñedos que creaban la bebida que estaba en sus manos: Lorenzo Lombardi.

El hombre, el Oficiante, el cazador más afamado de todos en el Vaticano. Y el que siempre le daba la espalda a su padre y lo hacía rabiar. Volvió a llenar la copa con una sonrisa divertida y fue cuando la vio entrar. Esa capa era demasiado llamativa, ojalá algún día los sobrenaturales supieran que el arte de pasar desapercibidos consistía no en usar capas, si no en presentarse lo más normalmente posible. Mientras más usaran algo raro, más rápido se les reconocía. Ahora mismo tenía ante ella a un ejemplar que, aspiró profundo, ojalá no se resistiera demasiado porque iban a tener más que un gran problema entre las manos. Miró a su alrededor y alzó una ceja, muchos de los que ahí estaban tendrían que correr espantados y llamarían demasiado la atención. No, no era su estilo. Además, ella no tenía rencillas con los vástagos, pero con los garous... ese era otro cantar. Bebió un poco más y observó intensamente a la joven, a ver qué hacía, ojalá ninguna tontería o tendría que demostrarle que equivocarse significaba ser castigado.

Juliet Benavente-Borgia
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Re: Anónimo [Libre]

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