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Entre nobles y sedas [Johan O'Donnell]

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Entre nobles y sedas [Johan O'Donnell]

Mensaje por Odette Sajonia-Coburg el Mar Ene 22, 2013 10:55 pm

Si algo detesta desde pequeña son las fiestas porque en ellas todas las personas fingen ser alguien diferente y no hay una sola en la cual confiar, pero hay algo peor y es que debería sentir algo después de la pelea que tuvo en la mañana. Había logrado detectar unos hombres avanzando hacia el ala del Palacio donde el Rey tenía sus habitaciones, no supo cómo lo habían logrado, pero lo hacían con bastante sigilo y a pesar del riesgo, fue a seguirlos. Los encaró antes de que pudieran acercarse demasiado a su hermano confiada en sus habilidades, en su magia.

Y salió triunfante. Aunque el precio fue alto: tenía en el abdomen semejante herida que tuvo que ser atendida por el médico y ser vendada para que no siguiera sangrando. Y a pesar de ello, no siente más que un cosquilleo cada vez que camina entre la gente. Ni la torpeza de una de las damas de compañía de la Duquesa que la alcanza a golpear le hace pestañear siquiera. Hay algo mal en ella, pero ¿Qué es?

Hablarlo con William sólo generará que su hermano se preocupe, además de que tiene un sentimiento de rebeldía que le impide confiarle todo a quien fuera durante años su ejemplo a seguir. Él sigue ocultándole algo muy importante, pero también finge que no existe. ¿Es que ella no es merecedora de saberlo? Eso le duele más de lo que quiere reconocer. Se está comportando como una chiquilla y no como la Princesa de 27 años que es. Evade por segunda vez al Duque Norfolk. No quiere hablar con él, sencillamente su plática es tan monótona e insulsa que le causa dolor de cabeza.

Aunque debería pensar en una dolencia psicológica porque hace mucho que no puede sentir nada. Cierto, ¿Desde cuándo? Se lleva las uñas de los dedos índice, medio y anular a su labio inferior para acariciarlo. Un gesto que automáticamente hizo que muchos se separaran. Eso significa que la Princesa está meditando algo muy importante y puede ser que cualquiera que se le atraviese termine con tarea para mucho tiempo.

La mirada intensa de alguien en sus espaldas la hace voltear, el Rey la mira curioso intentando vislumbrar qué es lo que está pensando y la díscola Princesa reacciona de una forma que podría llamar más su atención: piensa en comida y se dirige a la mesa de los aperitivos, aunque debiera más bien esperar a que una dama se los traiga no le importa, por esta ocasión, estirar la etiqueta y los modales al máximo. Sobre todo el protocolo. De seguro que ya el chambelán está a punto de soltar un gemido o bien, ordenar de inmediato a las damas de compañía para que le traigan a la hermana del Rey lo que quiera.

Sin embargo, Odette mira con interés todos los aperitivos tomando con distracción la copa de vino que le ofrecen deleitándose en su sabor durante unos instantes. No hay dolor físico, sólo una morbosa curiosidad por su propio estado físico y una férrea determinación de saber qué le pasa a su organismo, quizá algún hechizo pueda ayudarla - Aunque deberé verificar primero a qué debo prestar mayor atención - susurra sin darse cuenta, reafirmando su propósito: tiene que enterarse del qué le acontece, mientras más pronto, mejor.


Odette Sajonia-Coburg
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Re: Entre nobles y sedas [Johan O'Donnell]

Mensaje por Johan O'Donnell el Dom Feb 10, 2013 4:52 pm

Todo parece tan igual, tan monótono en aquel palacio que casi inmediatamente terminó por aburrirse quien sin hallar algo mejor que hacer se dispuso a caminar por los jardines, contemplando el verde de la flora, escuchando el sonido de la fauna y una que otra escopeta de caza que no había dado en el blanco notándose en la parvada de aves que salía despavorida de entre las ramas de los árboles sin embargo; nada de lo que ahí existe logra llenar su atención como si lo hacen los recuerdos infantiles pues no era la primera vez que visitaba ese lugar ya que por el título de su padre, ahora heredado a él; habían ido muchísimas veces con fines de alcanzar alguna mejor posición o simplemente a las reuniones reales que no tenían más excusas que los caprichos de los altos mandos. En ese entonces Johan solía disfrutar un poco más pese a la rigidez de las reglas de etiqueta pero su mundo era un poco más simple que el de ahora cosa que lo hizo suspirar con un dejo de nostalgia acomodándose el sombrero de copa y el nudo del corbatín negro al tiempo en el que también se arregla el saco. La verdad es que ese lugar no le era del todo grato pues a su paso se encontraba con un aristócrata que buscaba en él a un yerno para poder emparentar “Oportunistas” pensaba siempre que tenía que sonreír al saludarlos inventando cualquier excusa para des afanarse y poder continuar con el andar silencioso y galante pues sabía de su inmejorable aspecto dado que su suerte con las mujeres no podía ser mejor… Sólo eso, aventuras pasajeras desde aquella vez.

Sintió el andar de su escolta, algo que realmente le molestaba pero no podía hacer que las reglas se rompieran justamente en el palacio real así que con desdén e incomodidad permitió que éste le acompañara, obviamente marcando la distancia que le permitiera sentirse libre por lo menos así quería verlo así que continúo. Sin darse mucha cuenta terminó ingresando a la morada del rey divisando las columnas y amplias paredes adornadas por cortinillas que iban desde el techo hasta rozar el suelo, con cuadros familiares del linaje real y esos candelabros de fina cristalería e incrustaciones de minerales preciosos así como metales. Sonrió a la damisela que pasó a su lado sabiendo que la había visto en algún lugar pero que no lograba recordar, hizo un mohín de galantería mezclada con esa sonrisa increíblemente seductora y continúo pues sabía que ella tarde o temprano lo buscaría o hallaría la forma de poder cruzar palabra con él; no en balde poseía un título real. Las ventajas de formar parte de ese gremio.

Había más gente de la acostumbrada, su viaje era porque había recibido una invitación con la fecha marcada, la carta no decía más que la solicitud de su presencia en el Palacio real así que asistió sin muchos deseos pero al Rey no se le puede desairar así que ese era el motivo de su aparición ahí. Se frota la manos para quitarse los guantes al son en el que se encuentra con un sirviente que le acerca aperitivos por lo que desvía la mirada, su paladar no está listo para probar bocado aun así que mezclándose entre la gente saludó con la mirada a todos aquellos que le mostraban alguna reverencia o a quienes si reconocía pues no era la primera vez que los veía. A lo lejos, su mirada esmeralda se encontró con una bella mujer, no estaba seguro de quien era pero lucía interesante y además le intrigaba esa manera de andar, parecía ausente, atrapada en sus pensamientos así que eso fue lo que llamó su atención pues como ya es bien sabido, la mayoría buscaba sacar provecho de esa situación, lo tenía tan presente pues su padre fue quien le enseñó que tuviera cuidado con esas casamenteras oportunistas y que tendría que elegir a una consorte que no sólo ayude a su posición sino que sea menos inteligente que él
“Estupideces”.

Caminó hasta ella evadiendo a quienes intentaban cruzar palabra con él, sonreía y al mismo tiempo endurecía sus facciones pues ya tenía un blanco fijo y ese era aquella mujer que tras su búsqueda logró escuchar de quien se trataba “Así que eres una princesa... La princesa británica eh! Hermana del Rey...” iba pensando cuando se puso hombro a hombro con ella, iba a hablarle pero se contuvo pues no pudo evitar contemplarla, esa mirada perdida, sólo deseaba saber qué es lo que su mente contiene para tenerla en esa postura. Estaba a nada de decir algo cuando la observo sorber de la copa, tenía que encontrar las palabras correctas pues no se trataba de una mujer cualquiera sino de la hermana del Rey y un error podría costarle carísimo así que hizo lo que la galantería masculina haría y jamás podría fallar... ¡El clima! Absurdo sí y Johan lo odiaba pero ese era o más bien tenía que ser el paso que lo llevase a entablar siquiera una diminuta conversación y al recibir respuesta ya era ganancia para él quien se encargaría de continuarla sin parecer un hombre oportunista.

- Hace un buen día – Dice casi en un murmullo pero con seguridad notándose en él la alta alcurnia pero también la modestia ante tal personaje a su lado – No es tan húmedo como en otros días – reafirma volteando a ver a la chica para luego él mismo tomar una copa de vino y beber de ella pasando el jugo de uva por toda su boca sintiendo el sabor de la vid para luego tragarlo. Sólo bebió y no hizo gala de su conocimiento pues si algo sabía es que para asombrar a una mujer no siempre era bueno hacer alarde de cosas que no son tan importantes para ellas y lo sabía por la forma en la que ella ha bebido aunque podría estar fingiendo pero eso no lo sabría hasta escucharla hablar.

No hizo ni dijo más sólo se quedó quieto hombro a hombro con la princesa, dándole su lugar pero sin sobajarse así mismo...

Johan O'Donnell
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