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La Reina de los Condenados [Valentina Hlawastch]

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La Reina de los Condenados [Valentina Hlawastch]

Mensaje por Arael Hohenheim el Dom Oct 21, 2012 9:30 pm

• Prólogo - Ofensa y Prejuicio •

“Griffith ¿Acaso tú…?”

El cuestionamiento incompleto resonaba en mi cabeza y se expandía como una onda infinita en el eco del silencio. Aún en mi frialdad, me era imposible culminarlo, ya que a quien cuestionaba era aquel a quien le debo todo y con quien nunca podré quedar saldado. Mi padre, mi hermano, mi amigo… mi sire.

Para que el Circulo Interno invocase mi presencia directamente para el cumplimiento de una tarea, esta no podría ser poseedora de un estatus menor al de imperativamente urgente. No es común enviar a un Justicar a cumplir banalidades que los escalones inferiores de la camarilla pueden efectuar sin mayor inconveniente. Sin embargo ahí estaba, erigido en las sombras frente a la fuerza motriz que domina a la noche misma, El Circulo Interno.

Un encuentro fino, tajante y cuyo corazón informativo provoco que el polvo que simula mis entrañas se estremeciese en cada una de sus negras partículas, algo que en más de dos mil años no sentía, algo que desde que era humano no recordaba.

La camarilla es una organización muy aferrada a sus leyes, siendo yo uno de los 7 profetas luego del Círculo, en hacerlas cumplir con brazo de hierro tal cual como fueron escritas en sangre desde el establecimiento de la camarilla. Desafiar estas leyes, es sentir el peso del universo caer sobre tus hombros, permitiéndole al desafortunado inmortal, recuperar el miedo de su humanidad antes de pulverizar su nombre de la memoria del tiempo, donde nunca será recordado.

Desde hace 23 días, una serie de asesinatos han ocurrido. No muertes comunes de humanos y cuya pena no dura más que un ápice de instante, sino sentencias a vampiros fuera del régimen de las leyes de la camarilla. Alguien muy valiente o muy estúpido, sin puntos intermedios, sería el único de atreverse a tal acto. Sin embargo, lamentablemente en este caso para mí, existía otra pista. Desde la misma fecha que empezaron a ocurrir los incidentes, fue que se supo por última vez de quien hace una eternidad me dio la vida, Griffith. ¿Acaso se relacionan los dos sucesos? Imposible! Conozco a Griffith mejor de lo que cualquiera pudiese hacerlo y no hay más fiel a las leyes de la camarilla que él, haciéndole conocer la muerte verdadera a quien se atreva a desafiarlas. ¿Cómo es posible que el Círculo siquiera se atreva a tal blasfemia? Pero… mi estatus y creencias me impiden degollarlos a todos y hacerles pagar por su ofensa. No soy fiel al Círculo, soy fiel a las creencias de Griffith, y como tal las respeto, aunque eso incluya tener que tolerar las sandeces el escalón supremo.

Un vampiro de la cuarta generación, no sería algo sencillo de localizar, y no fue más que por mi relación con Griffith que se me fue invocado. Quien mejor que su propia progenie que para localizarlo. Mi orden fue clara, encontrar a Griffith, interrogarlo por las circunstancias y desaparición sin excusa y de comprobar los hechos, sentenciarlo a la muerte verdadera.

Maldito sea el Círculo, porque por su ofensa pagarán eternamente.

• La Reina de los Condenados •

Dudar de Griffith es como dudar de mi mismo, por lo que mi búsqueda tiene como objetivo, no saciar los designios del Círculo Interno, sino golpearles directamente con la única y sublime verdad, la inocencia de Griffith.

Mi sire, durante los más de dos milenios que le conozco, en el cual comparto un lazo mucho más profundo que la de un padre a un hijo, ha pasado por muchas etapas, más sin embargo su fidelidad a las creencias de una coexistencia bajo las leyes sagradas de las que fue en parte coautor no tienen ningún tipo de inflexión. Su palabra siempre ha sido sinónimo de verdad. Buscare y encontraré a Griffith y juntos limpiaremos su nombre.

No hay mejor comienzo en el rastreo de una presa que empezar en el último lugar en donde se supo estuvo. Es por ello que mi viaje me condujo a través de antiguas tierras y cordilleras, al recinto de historias y leyendas de antaño, muchas en las cuales participe, bañándome en sangre y gloria. El gran Imperio Austrohúngaro.

El tiempo, en esencia, pareciese no modificar el ambiente de tales tierras, que bajo la tenebrosa sombra de mi existencia, hace vibrar el polvo de los huesos de las vidas que hace mucho tiempo ya sentencie aquí. Guerreros, ladrones, inocentes, niños, ancianos… todos son iguales ante mí, carne insulsa cuya existencia es tan despreciable y tan necesaria a la vez que me causa una deliciosa repugnancia. Un agridulce sabor que me humedece los labios lentamente.

Pero tan vasto reino no podía sustentarse solo, por lo que el centro del mismo, una rosa negra funge como pilar principal de tal maquinaria. Con belleza singular, esta es solo equiparada con los rumores de su letal puño ejecutor, la Reina de los Condenados, Valentina Hlawastch. Una joven Toreador que ha sabido forjar su nombre.

Los Toreador, amantes de la belleza, empalagados en su propia lujuria y vicios exóticos en la búsqueda de una belleza perfecta, no me resultan más que lobos con piel de ovejas; despreciables manipuladores que creen que sus seducciones pueden construir el destino que ellos deseen. Una reina Toreador no es más que darle dinero al rico.

Sin embargo, mi presencia en el Imperio, no se refería a iniciar una disputa, sino del darle ubicación a Griffith. Un vampiro como mi sire, siempre era visto cuando el sólo así lo decidía, sin embargo aún a pesar de su estatus superior, seguramente ha de haber presentado algún tipo de honor a la reina, por el simple hecho de mantener la estabilidad entre clanes.

Fue así como mi sombrío paso me llevó al gran castillo. Como tinta que cae desde los cielos, mi arribo asimilaba una nebulosa de sombras, que tras el rastro fúnebre materializaban la portentosa efigie con la que fui bendecido desde mi humanidad.

De pies a cabeza el cuero ébano de la noche me envolvía, ajustado y preciso, resaltaba cada uno de mis músculos. Los botines metálicos hasta las rodillas brillaban con fulgor doliente, combinando así con el peto del mismo material que poco se dejaba ver por el sobretodo que se agitaba con el gélido frío de aquella noche. En mi mano derecha, el anillo que me coronaba como Lasombra y supremo Justicar a la orden del Círculo Interno.

Las presentaciones no eran parte de mi protocolo, y perder mi preciado tiempo anunciándome me parecía detestable. Si hablaría con alguien sería con la reina, los intermediarios simplemente me estorbaban, requería su presencia y la requería sin titubeos. Esa fue la única razón que me condujo con paso pesado por sobre los escalos de piedra hacia el gran portón del castillo, donde la guarda real en un automático movimiento de cerrarme el paso, fue cortada con mi sola presencia (Potestad: Presencia, Mirada Aterradora), la cual conducida por mi mirada generó un espanto tal en los defensores que simplemente su generación completa será adoctrinada en el saber de la sombra, del demonio que vieron y del que lograron sobrevivir para contarlo. Corriendo despavoridos al interior del castillo, sus gritos serían el anuncio de que la muerte toca a la puerta y la gran sombra se posa sobre el Imperio.

Lo patético de la defensa del reino no era más que un anuncio de debilidad. Una que solo es consecuencia de lo que los Toreador más aprecian, su gusto embriagante y desmedido por la perfecta y buena belleza.

Griffith desaprobaría una presentación de tal calibre, sin embargo los límites de paciencia entre ambos eran muy diferentes, y mi urgencia para el caso no toleraba tales pérdidas de tiempo en palabrería.

Desafiarme no es desafiar a la misma muerte verdadera, sino también a los del Círculo Interno. Por lo que si mi entrada no resultaba del agrado de la reina... me gustaría verla intentar hacer algo al respecto.

Arael Hohenheim
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Re: La Reina de los Condenados [Valentina Hlawastch]

Mensaje por Valentina Hlawatsch el Vie Nov 02, 2012 11:47 am

El paisaje mental conformado con tal silencio y sobre todo paciencia finalmente había arribado a un terrero de perfección satisfactorio para Valentina. Recostada sobre un diván de terciopelo rojizo mantenía el brillar esmeraldino de su mirada tras los finos parpados relajados, sumergidos al igual que toda su anatomía en aquel trance provocado por la serenidad del instante.
La obra se vislumbraba ante sus ojos revelando pinceladas precisas, perfectas y sobre todo hermosas ¡Como le gustaría a la Reina plasmar aquella imagen en al mundo palpable! Sus labios carmín se curvaron al recordar que de eso trataba su inmortalidad también; de llevar la belleza que solo se presentaba en su mente al mundo real. Y la mano humana ejecutaría sus designios para hacer de la Tierra un espacio más gustoso para todos y cada uno de los sentidos que aquella monarca solamente se permitía estimular a través de lo excelso, de lo inigualable visualmente.

Pero toda magnificencia debe tener su contraparte, así es, una ley que mantiene un equilibrio innecesario a veces pero que debe comprenderse, sobre todo por los designios de su Clan, amantes también de la coexistencia entre los de su raza y la humanidad a la que tanto admiran, respetan o simplemente comprenden por su particular sensibilidad.
La interrupción ¡Maldita acción por parte de aquellos que se atreven a ejecutarla! Valentina podía recordar aun si quisiera todas las ocasiones que fue vilmente interceptada en situaciones perfectas para su persona. Y también podría describir el fin que tuvieron aquellos desconsiderados seres por tal falta, por tal abominación a la grandiosidad.

Sus parpados se retrajeron bruscamente, con una mezcla de pena y molestia. Lentamente aquella obra psíquica se desmoronaba por una sensación ofuscadora y no bienvenida. Los labios de la Emperatriz se fruncieron notoriamente y sus empleados más cercanos, que se mantenían en completo silencio mientras su monarca se encontraba sumergida en aquel estado de reposo solamente optaron por fijar sus ojos en el suelo, sintiendo el nudo apresador que se generaba en sus gargantas por el temor de esperar lo peor.

- Sohn der Schatten - profirió entre dientes a la par que una sonrisa de lado se presentaba en aquel rostro tan singular, de belleza precisa y envidiable, digna de una Emperatriz… De una hija Toreador.

Un gesto por parte de aquella blanquecina mano y los maderados pórticos del salón donde la inmortal se encontraba fueron abiertos inmediatamente por la servidumbre, quien aún no comprendía mucho lo que sucedía, pero para la austriaca todo estaba mas que claro, pues cada uno de sus sentidos se lo advertía; una visita no esperada había arribado al castillo Real.

Silenciosa tomo asiento en aquel diván por el que tanto gusto tenía, una pieza adquirida en Rusia y diseñada exclusivamente para ella con el terciopelo mas refinado de todos. Cedro lustroso y macizo con patas torneadas hacían de la obra algo tan exuberante como imposible de encontrar en otro sitio.
Sus piernas se cruzaron una sobre la otra en aquel vestido de encaje y sedas que por un desafiante corte a uno de los lados permitía a la inmortal realizar aquellos casi inapropiados movimientos para la época sin mayores complicaciones. Se encontraba en su palacio, en su nación ¿Acaso debería preocuparse por lo que un extraño pensase de ella? Seguramente el desgraciado jamás volverá a ver a alguien como ella.

Pese a que el arribo no era esperado en absoluto, Valentina no tardó en ordenar a sus siervos que recibiesen al compareciente y le guiasen hasta donde ella se encontraba. Valentina era fiel a los protocolos tal y como una Emperatriz debía serlo, por lo menos frente a los ojos ajenos. En otros ámbitos podía caer en una peculiar flexibilidad, siempre y cuando le fuese conveniente.

- Es completamente de mal gusto llegar a una nación, a un palacio Real sin anunciarse previamente, pero tiene la suerte que en su caso me contenta el verle - vocablos inmediatos que surgieron de los apetecibles labios de la vampiresa al instante en que sus atentos y analíticos orbes se percataron de la reconocible y distintiva sortija que aquel caballero portaba. Valentina no necesitaba de disimular mucho su analítico observar, después de todo su contraparte tenia presente que ella era una Toreador, vástagos conocidos por no dejar pasar detalle visual por alto.

La austriaca se levanto de su asiento y con un par de pasos acorto distancias con el recién llegado, al que le ofreció una medida reverencia con su cabeza en símbolo de respeto, más hacia el Circulo Interno que al que tenia frente a sus ojos en sí.
Se veía atractivo, misterioso y eterno, pero eso ya era un factor casi común en todos los vampiros, salvo los putrefactos Nosferatu, ratas de cloaca que deberían ser exterminadas por el bien de la belleza.

- No suelo generar deducciones por respeto, pero para que un Matusalén se encuentre en mis aposentos sin aviso alguno, he de llegar a la conclusión de que algo interesante debe de estar aconteciendo… El Círculo Interno no deja dar paseos muy largos a los antiguos - la sonrisa mezclaba la gracia exquisita de una mujer consciente de su poder y posición con el sarcasmo inevitable de su persona. Valentina podría jurar ya saber porque aquel inmortal se encontraba allí, pero la opción correcta sería informarse de la misma fuente para no cometer errores. Ella tenía la ventaja por el momento y jugaría con eso, después de todo lo mínimo que se merecía tras una interrupción de tal mal gusto era un poco de entretenimiento.


*Vocablos alemanes. En español: "Hijo de las Sombras"

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Re: La Reina de los Condenados [Valentina Hlawastch]

Mensaje por Arael Hohenheim el Dom Nov 11, 2012 6:04 pm

Perfume seductor, ese capaz de embriagar a los débiles de voluntad, es el que se esparce por cada rincón del palacio real, intensificándose cada vez más hasta el punto de verificar la obvia deducción de qué o quién podría ser su fuente, la misma reina Valentina. Una digna representación Toreador, bella, cautivante, seductora, podría decirse que la misma Afrodita podría sentir envidia de ella.

Sin embargo, mi voluntad es superior a la mortal y a la inmortal, fría, pesada e inquebrantable. Un don que se ha ido puliendo con los años, con los mismos siglos. Sus palabras delicadas llegan a mis oídos como cántico de ninfas, incitando al deseo y hasta cierto punto a la lujuria. Una empalagosa táctica que se trasmite de manera natural entre los Toreadores, de sire a progenie. Si su intención era doblegarme, está muy lejos del camino que nunca ha existido.

Sin embargo el silencio es la primera respuesta que recibe de mi parte. Erigiéndome como un pilar de mármol negro, mi presencia simplemente provoca una pesadez que ahoga tenuemente la iluminación del lugar; a lo que seguido, y por mera formalidad ante la misma reina, realizo un revés de reverencia con mi cabeza. A pesar de la clara diferencia de edades y estatus, yo estoy en sus tierras, unas que ni siquiera pertenecen a los Lasomabra, por lo que esto es simplemente un gesto de respeto entre clanes. Un fino hilo que se estremece cada vez que dos voluntades consagradas bajo casas de sangre distintas chocan. La burocracia del Circulo Interno.

-Reina Valentina, aún es muy joven para comprender lo que un Matulasen puede o no hacer– un punzante verbo entonado elegantemente con la misma robustez de mi jerarquía es la respuesta asesina de sus palabras las cuales me parecen redundantes. Si Griffith estuvo aquí, tener la visita de dos Matusalen en menos de un mes, es un acontecimiento que seguro ella no pasa por alto.

-Sin embargo sus deducciones no se alejan de la realidad, y mi presencia en su dominio no va más a allá que por mera petición del mismo Círculo Interno, quien requiere de la presencia de un reciente visitante que tuvo en sus tierras. Un LaSombra de nombre Griffith- simplemente tuve que mencionar su nombre para que la misma oscuridad se sacudiese desde sus cimientos, una señal de respeto ante uno de los hijos predilectos de la noche. Revelar mayor información acerca de la relación de Griffith y mi persona resultaba totalmente irrelevante, y hasta cierto punto poco apropiado para el conocimiento de la reina. Ese, es un tema personal con el que yo mismo tendré que lidiar cuando de con el paradero de mi padre.

-Hacernos perder el tiempo es algo realmente incensario…- comente preciso y frío mientras mis pasos me guiaban hacia el gran ventanal al fondo de la habitación, en cual por efecto de luces, reflejaba tenuemente todo a mis espaldas menos lo más directo que tenía enfrente, yo -por lo que, mientras más rápido su valiosa colaboración sea prestada con respecto al asunto, mi presencia en su dominio será la mínima posible-

Mi paciencia es un don que ni siquiera el tiempo ha logrado pulir, por lo que hacer referencia a la premura del asunto es algo que no me conviene a mí, al contrario, a la misma reina, la cual seguro no quisiera lidiar con algo que no puede y nunca podrá controlar.

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Re: La Reina de los Condenados [Valentina Hlawastch]

Mensaje por Valentina Hlawatsch el Vie Nov 23, 2012 7:29 pm

Una delicada rosa de tonalidad carmesí con pétalos abiertos y fragantes, adornados por cristalinas gotas de rocío que a su vez destacaban con su sosegado brillo el esmeraldino tallo cubierto de espinas. Hermosura y letalidad que paulatinamente comenzaban a ser envueltas en una marea densa, oscura y casi asfixiante. Así era como podría describir la misma Emperatriz austro-húngara a la escena que sus ojos vislumbraban y de la que su inmortalidad formaba parte ante aquella visita no planificada.
El Magistri se proyectaba tal y cual los de su estirpe. A esas “facultades” especiales había que añadirle los caprichos e impaciencias típicas de los vástagos antiguos. Valentina deseo por un instante que Marion se encontrase allí para ubicar al Lasombra en su lugar sin tantos protocolos, pero a ella le había tocado lidiar con la situación y para su lamento, ésta era muy consciente de todas y cada una de las desventajas que recaían sobre su persona por el simple hecho de contar con un par de siglos menos de existencia que su contraparte. Pero como una cosa no quita otra tan simplemente –y menos para una mujer tan caprichosa como ella- la Emperatriz no iba a perder su oportunidad de enredar sigilosamente a su tajante invitado y quien sabe si con ello conseguia mucho más de lo que en realidad esperaba.

- Ningún pluralismo cambiará mi forma de tratar temas de índole relevante, señor Hohenheim. Ni siquiera si a sus espaldas se encuentran las voces del Círculo Interno. Bajo mis tierras se manejan mis reglas y eso no lo tachará ningún Clan de la Camarilla -
las palabras lentamente iban perdiendo esa delicadeza grácil de dama vulnerable, adoptando ahora un tono mas rígido, frio y reminiscente de lo que Valentina era en verdad; una no-viva. Los pasos en dirección al ventanal donde el galante Matusalén se encontraba fueron sonoros, delatores de movimiento. Las tretas por la espalda era algo que la Emperatriz gustaba de usar con otros, jamás con un antiguo.

De un instante a otro la partida había comenzado y por lo que se vislumbraba a primera instancia, ninguna de las dos partes estaba dispuesta a ceder más palabras que las necesarias para alcanzar su cometido. Aunque la unión entre los miembros de la Camarilla contaba con numerosos puntos en común, lo que fortalecía dicha alianza, nadie podía negar que cada clan silenciosamente buscaba obtener cierta ventaja sobre los otros. Este era un caso de esos, en los que la información podía dar un leve empujón en la carrera en los que Lasombra y Toreador disputaban un puesto consciente o inconscientemente.

- Si lo expuesto ha quedado claro, debería comentarle que me sorprende que el Circulo Interno envíe a un conformante del mismo clan que el desaparecido y que según he escuchado está a punto de caer en la Lista Roja por ciertos accionares muy, muy equivocados… - ladeó su cabeza como apenada, lamentablemente sus profundos y envolventes ojos no proyectaban lo mismo, éstos se fijaron al cristal que se encontraba por delante del vampiro ¿Existiría algún rastro de emocionalidad en el inmortal? Muchos decían que los Magistri eran respetados por su crueldad y falta de sentimientos, tal como de su reflejo, inexistente en cualquier espejo.

- Me pregunto si en este caso mi deber es el de proteger el bienestar de un vástago sumamente antiguo, resguardando su ubicación, o bien, entregárselo a usted aún con la duda de si su interés en verdad no es más que el ofrendar a uno de los presentes en la Lista Roja y así subir algún que otro escalafón para su beneficio personal - Los años, las décadas, los siglos traen para todos los inmortales –en mayor o menos medida- experiencias y sobre todo, conocimientos que anulan automáticamente ciertos cuestionamientos a generar frente a otros. En aquella ocasión, la austríaca había optado por reflejarse como la inmortal más dubitativa de todas. Lentamente sus enredaderas buscaban atrapar a su victima, ya fuese para sacar algún tipo de información u otro provecho beneficioso a futuro para ella. Su condición de innegable interesada jamás quedaba de lado para aquella que con el poder y magnetismo de su belleza y tenacidad conseguía lo que deseaba… Pero en la presente ocasión sus trucos no estaban ejerciendo el efecto típico, era hora de recurrir a otras herramientas, las cuales Valentina comenzaba a exponer con ciertas sutilidades. En su interior esperaba porque el silencio mortuorio y oscuro de su contraparte se difuminara por completo y el verdadero dialogo se diera de una vez. Si el Matusalén esperaba recibir su banquete con lujos estaba totalmente en lo erróneo. Ningún premio era otorgado sin sacrificios, por lo menos no por la sensual y astuta Valentina.

El reloj ahora se encontraba en sus blanquecinas y delicadas manos. SU intención; dejar en claro que solamente ella movería las manecillas para apresurar o enlentecer aquella búsqueda comentada.

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Re: La Reina de los Condenados [Valentina Hlawastch]

Mensaje por Arael Hohenheim el Sáb Dic 08, 2012 6:57 pm

Una telaraña invisible y pegajosa de palabras es la que empieza a tejer la Reina de las Hipocresías. Una artimaña que busca consolidarse en el ambiente y así aferrarse a mí… invitándome a un pasaje oscuro, intentando remover aquello que no poseo, humanidad.

El tiempo se detiene ilusoriamente, congelando en el infinito la escena, mientras mis pensamientos inevitablemente se accionan reventando como burbujas de oscuro polvo de estrellas, dejando caer las migajas de vivencias que he tenido junto al ser que le debo todo. Sí, un respeto incalculable es el que tengo ante mí creador. Su mano me ha conducido por el camino del poder, de la sangre, de la gloria, del honor; algo que obviamente parece carecer la arpía que ante mí quiere hacerse grande. Si ella desea jugar con fuego, se equivoco de víctima, ya que el fuego es para los débiles, yo ahogo, consumo y desaparezco a mis retadores en las sombras, en la inmensa oscuridad de la que nadie regresa.

Mis ojos, cristales de azul escarchado se dilatan ante la intolerancia que genera la dama oscura, no sólo cuestiona mi sire, sino a un miembro distingo de los Lasombra, algo que claramente ella nunca podrá aspirar en la escuálida escalera de poderes de su ridículo clan, amantes de la belleza que nunca han resaltado por nada más que su egocentrismo.

-Así es, usted está en su derecho de clamar por el respeto en su casa, en sus tierras, ese… es un aspecto que no puedo cambiar. Más sin embargo…- un segundo de silencio se hace presente, no era más para degustar el dulce sabor de las próximas palabras que sin mencionarse ya se hacían punzantes, reflejándose claramente en la asfixiante oscuridad que de repente controla el lugar, sofocando la luz de los faroles hasta un mínimo de luminosidad, permitiendo que solo el brillo de la luna deje ver parcialmente el rostro del demonio que represento, un demonio de la noche, de las sombras; que ahora con prepotencia se encara hacia la reina –…recuerde con quien está hablando y lo que represento; esa es la diferencia entre que tenga o no usted de decirme lo que requiero- ¿Una amenaza? Sin duda alguna, tengo el poder para hacerlo y eso ella no lo puede cambiar.

-Por otra parte…- dejando clara las opciones que pueda tener la condenada Toreador, la luz vuelve a tomar sus correspondientes dominios, iluminando con normalidad la habitación –es totalmente lógico que sea un mismo Lasombra el encargado de esta tarea, quien más acto de encararnos como iguales que un hermano de clan. O ¿Acaso pensaba que existía alguna razón adicional? Los nefastos Nosferatu no son capaces de batallar ni con su propia y desagradable existencia, los Brujah horda de rebeldes protestantes sin causa… o ¿cree usted que un Toreador sería capaz de enfrentar cara a cara a un Lasombra y coronarse con la gloria de la victoria? Nunca he sido testigo de tal evento, y lo digo con la evidencia de El Trofeo que lo respalda-

Las anécdotas de mi pasado previo a la era del Justicar, cuando era joven, sediento de poder. Entrenado por el mismo Griffith para enfrentarme a los peores desertores de la camarilla, los miembros de la Lista Roja. Un pasado que para bien o para mal, es el que me ha coronado en el presente.

Con cada palabra tentaba una ira ajena que no podía ser desencadenada. Torturaba con mis vocablos el frágil orgullo que nos caracteriza a todos los Vástagos. Estaba disfrutando el ver cuanto más podría resistir esta bella rosa negra antes de atacarme con sus espinas. No puedo negar que me tienta el deseo de escucharla gritar mientras su vida es consumida en el ébano de mis fauces. Sin embargo era un deseo que debía dejar de lado en pro del cumplimiento de mi labor.

-Y así es, aún recuerdo los rostros de todos los Anatema que osaron existir para ser miembro de la Lista (La Lista Roja) y que tuvieron la desgracia que yo fuese lo último que vieran-

Afamados recuerdos que nunca se extinguen.

-Sin embargo es bien sabido que no estoy aquí para platicar de mis victorias y no obstante ha sido esta conversación la que me permite percatarme de lo bien informada que esta sobre la situación…- un hecho que particularmente no es de mi gusto, ya que revela que alguien está filtrando la información interna y claramente quiere que Griifith sea erradicado, pero ¿Por qué? Las preguntas vienen y van pero ninguna se termina de concretar, oscureciendo más el panorama –Me pregunto cómo ha sacado tales conclusiones, relacionando a Griffith con la Lista Roja… supongo que alguien que desea verla bien ubicada al momento de una situación tal como este encuentro…-

Los papeles ahora se ven invertidos, dejando en duda ante los ojos de un Justicar la naturaleza de la reina, que más allá de su mano dura para controlar sus tierras parece tener algo más oscuro que esconder y que no descansare hasta saber que es.

________________________________

1. El Trofeo, una marca de distinción y honra garantizada para aquellos que consiguiesen capturar a un Anatema.
2. Anatema, los vastagos más peligrosos que encabezan la Lista Roja

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Re: La Reina de los Condenados [Valentina Hlawastch]

Mensaje por Valentina Hlawatsch el Lun Ene 14, 2013 5:59 pm

A lo largo de su no-vida, la mente de Valentina jamás había imaginado como sería ser parte de una historia en la que la austriaca ocupase un papel secundario. La idea era inaudita, muy compleja para siquiera conformarla en un plano no realístico, tal vez por eso mismo era que en aquellos instantes frente al Magistri LaSombra su mandíbula se tensó tan radicalmente, al punto de parecer un gesto casi dañino.
¿Su existencia se vería abofeteada tan bruscamente cada vez que su persona se cruzase con las intenciones de un Antiguo? No existía tolerancia alguna, ni siquiera la adquirida a lo largo de los siglos para que la tenaz Emperatriz asimilara tal sensación, que lentamente como la misma oscuridad que el galante rubio irradiaba, apagaba su visión de poderío absoluto y dictamen sobre otros. Por primera vez en su longeva existencia Valentina se había chocado frente a un ser con el cual no sabía cómo lidiar.

No podía matarlo, ni someterlo… Pero su mente siempre supo que podía complicarle la existencia al punto de que la moneda tal vez cayera de su lado. Una victoria más compleja e indirecta de las que estaba acostumbrada, pero una victoria en fin.

- El Círculo Interno tiene un apego especial hacia muchos vástagos, y tal estima no se encierra solamente a los Justicar que los representan. Y por favor, no ponga en duda mis conocimientos, éstos generalmente tienden a trascender mi edad y posición dentro de la Camarilla – palabras ciertas, vocablos que dejaban entrever los posibles contactos que la Emperatriz había sabido hacerse dentro de la organización a lo largo del tiempo. Después de todo su cargo real no era una simple coincidencia, ella había tomado el trono austro-húngaro como recompensa tras haber dedicado años enteros a la persecución de un Anatema, quien finalmente cayo en sus garras haciéndola merecedora de riquezas incalculables.
Pero la sed de codicia de la hermosa inmortal no había cesado allí, ahora familiarizada con la Lista Roja, Valentina se encontraba en búsqueda de otro Anatema para continuar su ascenso entre los vástagos de toda Europa. Nuevamente la idea de ser protagonista golpeaba una y otra vez a su puerta, persistente, generando riesgos y peligros, como el que la Toreador enfrentaba ahora mismo, pero todo sea ya por una nueva recompensa, por sentir en sus delicados labios el gusto templado y delicioso del poder.

- En cuanto a lo que sé… Continúo en la posición de necesitar un respaldo que me afirme que no estoy entregándole datos sumamente valiosos a una persona equivocada. Tal vez una carta de parte del Circulo Interno saciaría mis dudas – otro obstáculo, una piedra un poco más grande que la anterior en búsqueda de atrasar el avanzar del Justicar se había presentado, queriendo estancar su tiempo para que éste sea aprovechado por la competencia. Las carreras a veces no estaban diseñadas para los más rápidos, sino para los más astutos y Valentina, ella sabía muy bien de eso.

Lentamente la vampiresa fue deslizándose con sutiles pasos dentro de aquella ostentosa habitación, decorada con riquezas innumerables, proyectantes de los caprichos de aquella mujer que con cada exhalación despojaba belleza y misterio desde su interior. Un arma exquisita y letal, solamente testeada por valientes que desean saber cual es el gusto de la gloria antes de perecer por completo.

Valentina sabía que sus palabras de todas formas no conformarían al Antiguo, por lo que una idea cruzó su mente bruscamente, cuan estrella fugaz que se transporta a lo largo del cielo, del oscuro cielo que su antagonista se había encargado de conformar con su actitud y poder.
Repentinamente la dama quedo de espaldas con su peculiar invitado y un extraño silencio invadió el lugar ¿Estaría ella buscando las palabras apropiadas? ¿Tal vez recapacitando sobre su rebelde actitud? La recamara se vio azotada con claridad por aquel irradiar que solamente la presencia de Valentina podía liberar; el aire no se tornaba denso como podrían generar otro vástagos, no, la Emperatriz manifestaba una energía particular, ambigua, tal y como ella lo era. Atrayente y peligrosa.

- Y yo que usted, estaría completamente seguro de que conozco Griffith más de lo que podría llegar a imaginar – precisos los vocablos que exhortó la Emperatriz cuando su entera figura se volteó para revelar una sorpresa inaudita; pese a que sus palabras fuesen despojadas con su delicada y femenina voz, su rostro y cuerpo habían cambiado completamente, luciendo como un caballero, pero no cualquiera, su proyección era la exacta y viva imagen ni más ni menos que de aquél vampiro tan buscado; el mismo Griffith*.
- Espero que esto sea una muestra suficiente de lo que digo – el rostro masculino y familiar sonrió levemente, como si fuese un títere controlado por los gestos y movimientos de la misma Valentina, salvo la proyección visual que reflejaba al antiquísimo LaSombra.

Ya no habían dudas sobre que la maliciosa austríaca había tenido contacto directo con el inmortal buscado por el Circulo Interno, después de todo, aquella proyección a través de una de sus majestuosas habilidades no hubiese sido posible sin haberle visto antes. La cuestión ahora pasaba a ser ¿Sabría Valentina el paradero de Griffith? Fuese afirmativa o no la respuesta, astutamente la Elder se había asegurado el no morir en aquella recamara esa noche, sobre todo si aquel hijo de las sombras deseaba en realidad hacerse con la información que ésta poseía consigo.

Las manecillas del reloj continuaban con su movimiento, seguramente consumiendo la paciencia ni más ni menos que de un Justicar, pero la Emperatriz gustaba de jugar con el Sol a veces, que para aquellas alturas era lo único que veía letal.

El miedo se disipaba, y finalmente los roles se equiparaban. Una dama como Valentina jamás podría cruzarse de brazos y ser una segundona; es que a veces, los protagonistas aparecen luego de la primer escena.



*A través del uso de la habilidad Ofuscación: La Máscara de Mil Caras

Valentina Hlawatsch
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Re: La Reina de los Condenados [Valentina Hlawastch]

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